La Guerra y la Ilusión.

Capítulo II. Enseñando a Piedra.

La señora no tuvo tiempo de clavar el cuchillo y el niño no tomó la decisión de la Tierra. El niño desmayó exhausto y temeroso de la situación que se tornó extraña cuando una gran sombra cubrió su vista por completo. La señora fue echa a un lado por un ser gigantesco que aullaba: “¡No más muertes! ¡No más muertes!”.

Un ser que antes de la guerra era un joven de 12 años tenía nombre, era apuesto, muy bueno en el básquetbol y tenía una audacia natural con las chicas de su edad y un poco mayores. Ahora sólo era un enorme monstruo, un humano que cada vez que la luz mortal tocaba su piel esta se endurecía y se agrietaba como si fuera roca. Razón de que se llamó así mismo: “Piedra”

Cuando miró al niño, este ser enorme lo abrazó y se puso a llorar. La señora gentil que acompañaba a Piedra acarició al mutante y se puso a llorar con él.


—¿Cuál es tú nombre? —preguntó ansiosa la voz ronca de Piedra, sonreía, sus dientes blancos contrastando ya con la piel oscura y quemada, cada vez más gruesa.

—No lo se, hace mucho que no lo se. Mi trabajo es muy importante, debo tomar una decisión que afectará a toda la humanidad. La señora estuvo a punto de matarme, mató a mi Abuelito un día que salí a cumplir el deseo de unas almas que no podían descansar en paz.

Piedra miró a la señora que le acompañaba, sostuvieron la mirada mucho tiempo y finalmente la bajaron.

—Mi nombre es Maestra, eso era lo que hacía antes en el mundo, enseñar, ya nada significa para mi el antiguo nombre que tenía.

—El mío es Piedra, la razón la puedes mirar por ti mismo.

El niño se atrevió a tocar la piel del gigante, encontró una enorme astilla que sobresalía de su codo. Miró a Piedra y este sonrío. El niño descubrió una sonrisa muy especial, una que le decía que todo estaría bien a pesar de todo.

—Es un palo de madera que se clavó ahí hace mucho tiempo, después mi piel se comenzó a endurecer por las luces de muerte… la astilla de madera se ha vuelto parte de mi. Aún duele, y duele mucho, me gustaría que se fuera.

El niño sonrío, acarició la astilla durante un tiempo, la soltó al notar el punto sensible de Piedra y mirar a este hacer una mueca de dolor.

—Lo siento, no te preocupes, la astilla ya no quiere estar en ti, la he convencido. Pronto se irá.

Piedra carcajeó.

—Esa es mucha seguridad para un niño que habla de decidir lo que la humanidad merece. Creo que esta ya la ha decidido por si misma, ¿No te has dado cuenta?

Maestra observaba con atención la interacción entre ambos niños.

—Eso mismo decía mi Abuelito, después aprendió a tener fe en el amor de nuevo, todos en nuestro interior queremos volver amar, pero no encontramos como. El lo encontró en un nieto, los fantasmas en un confesor y los árboles en un verdugo.

—Qué triste debe ser que unos encuentren la fe y el amor en la muerte, pero de todo se encuentra en estos días, creo que estás un poco chiflado amigo mío —contestó Piedra, hizo la misma sonrisa, el niño no podía enojarse con Piedra gracias a esa sonrisa. Miró a Maestra y esta le hizo un gesto de cariño.

—Lo se, yo tengo la misma sensación cuando me sonríe, debemos irnos, buscar un refugio con ratas para comer, pronto oscurecerá y es cuando más aparecen las luces y otros buitres.


Piedra comía la rata con hambre, mientras miraba al niño en la entrada de la puerta contemplar el cielo, parecía como si buscara algo y no lo encontrara.

—¿Por qué no comes? —preguntó Piedra, devoraba la cola de la rata y la tragaba finalmente—. Hay mucho por aquí, te llevamos con nosotros precisamente para compartir riquezas y miserias.

—Me encontró el alma de una familia y la hice descansar en paz, no tengo hambre, hace dos años que no como nada. También me he dado cuenta que no duermo, si no que finjo dormir, hay días que me siento muy cansado, pero al cerrar y abrir los ojos, vuelvo a estar como nuevo.

Piedra se encogió de hombros, masticó un rato su festín y se le ocurrió una idea para congeniar con el niño.

—Ven —sonrío Piedra—. Tengo algo que enseñarte.

El niño se acercó a Piedra.


Ambos observaban a Maestra desnuda, ella se encontraba dormida con los ojos abiertos, a veces abría la boca para decir unas palabras sin sentido y luego volvía a cerrarla, su respiración se hacía pesada y luego se calmaba de nuevo. Solía juntar las manos en su entrepierna y cerrar sus piernas fuertemente, volvía a relajar el cuerpo y el demonio de sus sueños se desvanecía. El niño observaba con atención el cuerpo de la mujer desnuda, recorrió las curvas que para él eran desconocidas con atención, grabó cada instante en su memoria. Piedra posó una mano suavemente en el hombro del niño.

—Siempre tiene esos sueños, no le gusta platicar, solo me acompaña y me cuida. Es casi como… si ella no estuviera ahí y lo está todo el tiempo, ¿Me explico? —Piedra carcajeó inseguro—. Suelo protegerla de las luces, aunque antes de encontrarnos asumo que estás jamás le hicieron daño.

El niño acarició el rostro de Maestra, esta se relajó más y no hizo ningún movimiento más que una respiración tranquila y suave.

—Si puedes curarla, hazlo. Yo temo tocarla, mi piel raspa fácilmente al contacto, una vez la hice sangrar cuando le toqué el hombro y sólo fue por unos instantes. Tiene algo adentro con lo que no puede sobrevivir, lo sé —Piedra se tocó el rostro endurecido, todavía no podía creer los cambios en su cuerpo, cerró los ojos y se sentó en el suelo. Piedra empezó a gruñir.

El niño acarició con su mano gentil y suave el rostro de Maestra, la deslizó a su cuello y luego a su pecho desnudo, el niño respiraba fuerte, jamás había tocado el cuerpo desnudo de una mujer y a pesar de que su intención era descubrir que estaba mal con ella, también disfrutaba la piel suave y el roce gentil, experimentaba el calor interior de la mujer con agrado.

Cosas que le eran desconocidas, se puso a pensar, ¿Cómo debía tomar la decisión final si no conocía todo a su alrededor?, otra cosa que le molestaba es que no sabía que esto iba a venir, su don de saber las cosas estaba fallando y lograba sólo enterarse de pequeñeces o de detalles.

Piedra empezó a gritar y llorar, estaba sufriendo de dolor interno y externo, algo se movía en su interior y hacía crujir su cuerpo, se tomó el rostro con fuerza, se puso de píe y golpeaba a su alrededor para disminuir el maldito dolor. La astilla estaba punzando, ardía como el infierno para Piedra.

El niño guió su mano al centro del dolor, bajó del pecho al estómago y después al vientre. Sonrió nerviosamente, había encontrado la fuente del dolor. Maestra arqueo su espalda sin aviso, juntó las piernas fuertemente de nuevo. Gemía y jadeaba, movía su cuerpo violentamente dificultando al niño el control. Este separó la mano de su vientre y puso el oído en él, susurró unas palabras y Maestra se calmó. De nuevo su cuerpo se relajó, separó las piernas lentamente y gimió una última vez.

Piedra no soportaba el dolor que le acosaba, sintió el sudor frío recorrer toda su piel, gritó una y otra vez, sin control de su cuerpo la mano que estaba libre de la astilla la tomó y con toda la fuerza que poseía la jaló. El grito desgarrador resonó muchas kilómetros a la redonda asustando a ratas, humanos y otras cosas por igual.

El niño, más tranquilo y consciente de lo que debía hacer dejó a un lado su pudor. Se acercó al seno de maestra y con sus labios empezó a mamar. Sensaciones de recuerdos le arroparon al darse cuenta que recordaba a su madre. Miró hacia el vientre de Maestra, el pequeño fantasma de un bebe se abría paso, reía y reía mucho, contento, el niño río con él un momento, Maestra se les unió dormida. Cuando el fantasma se fue, Maestra tomó asiento sin despegar al niño que recordaba a su madre de su regazo, lo abrazó y lloró.


Maestra y Piedra dormían, el niño salió del lugar derruido al que habían llegado hace apenas unos instantes, aunque para él se le habían hecho una eternidad. Se preocupó por Piedra quien empezó a sangrar, pero su piel sin aviso se juntó y fue como si nada hubiera sucedido con la astilla.

El niño sabía que sucedería, sin embargo le intrigaba no saber que se encontraría con ellos o que la señora no enterraría el cuchillo para que este no pudiera tomar su decisión.

Miró al fantasma acercarse lentamente. El niño puso una mano en la tierra y la otra en su corazón, esperando que el saber que poseía el espíritu de la tierra le diera algún camino a seguir. El fantasma con el cuchillo etéreo siguió acercándose.

—Tú, de nuevo —susurró el fantasma.

—Mataste a mi Abuelito, si vienes a pedir que deje tu alma descansar en paz hazlo otro día, uno muy lejano, uno en que por fin te haya perdonado.

El fantasma rió, aventó el cuchillo a lo lejos, acercó su rostro al niño y la sonrisa que le daba a él escalofríos hizo su aparición.

—Después de todo lo logré, ¿No es así?, te detuve. Clavé el cuchillo de una manera muy distinta. Me alegro, me alegro que hayas decidido darnos una segunda oportunidad, me alegro que nos des a nosotros los gusanos manzanas podridas dónde regocijarnos.

—No les estoy dando la oportunidad a ustedes, si no a personas como ellos —el niño señaló la construcción donde Piedra y Maestra descansaban.

—No es cierto, tuve que detenerte para hacerte ver lo que estuviste a punto de cometer y eso es algo con lo que vivirás toda tu vida. Habré matado a tu Abuelo, pero si lo piensas, fue un sacrificio necesario para abrirte los ojos. Ibas a tomar tu decisión con rencor en tu corazón.

La señora sonrió de una manera distinta, una sonrisa triunfal. El fantasma se esfumó lentamente de la vista del niño.

—Aún no es tarde para tomar la decisión correcta —murmuró el niño, se sentía completamente frustrado, respiró rápido, estaba nervioso y no sabía que es lo que el futuro preparaba. Ahora lo entendía, en el momento de una decisión importante jamás vería el futuro por que este se separaba en dos o tres caminos distintos.

—Aún no es tarde, aún no es tarde… —la mano apretó su pecho, su corazón, la otra se enterró en la tierra, volteó la vista al horizonte y el fantasma de su Abuelo caminaba a lo lejos. Éste volteó la vista y le sonrió.

El niño no sonrió en cambio. No había quien impidiera su decisión.

Páginas: 1 2 3

Un comentario hasta el momento ↓

#1 Mane el 03.29.03 a las 4:57 pm

Wow, si no hubiera valido la pena, tal vez yo no estaría aquí…

[Reply]

Deja un comentario