Se hizo luz.

Dedicatoria: A mi hermano Hugo.

Mi nombre es Víctor y tengo 9 años, aunque en la vida real tengo 8… es una historia algo complicada… lo que pasó fue que necesitaba 6 años para entrar a la escuela primaria, pero apenas había cumplido los 5 años, entonces mi mamá arregló mi acta de nacimiento y me dijo:

“Víctor, a partir de éste momento les vas a decir a todos que tienes 6 años, sobre todo si alguien te pregunta en la escuela, ¿Entendido mi vida?”

Pues esa es la historia de mi edad real y mi edad falsa, pero no era de eso de lo que quería platicarte, si no de la historia de mi hermano mayor: Damaso y el hombre de la chamarra negra.

Damaso tenía 17 años cuando murió, a veces me acuerdo de mi hermanito y el esfuerzo terrible que hacía para jugar conmigo y no caer cansado por su enfermedad. Yo lo quería mucho y a veces le pido a Papá Dios que me deje hablar con él y me lo imagino a mi lado vestido de angelito y platicamos.

Un ángel de luz.

Recuerdo mucho esos días ante de que la leucemia se lo llevara, jugábamos mucho con esa palabra a pesar de lo mala que era. En vez de leucemia decíamos Lucía Mía, como si nos habláramos de una novia o algo así.

“Oh, Lucía Mía, ¡Ven y quítate los chones!”, bromeaba Damaso, ambos reíamos y reíamos hasta que nuestras caras enrojecían y el tosía.

Me daba mucho miedo cuando el tosía, sus ojos lloraban mucho y la lengua se le veía blanca, muy blanca. El me sonreía y me abrazaba en esos momentos y me decía cosas chistosas para seguir riendo.

Pero una risa sin él no era divertido.

“¡Qué suerte! Tu madre llamándome Damaso… tiene una suerte con las chicas que no tienes idea”, bromeaba él y yo sonreía.

Extraño mucho a Damaso, pero no hay hermano más orgulloso que yo.


Mi hermano, mi mamá y yo fuimos al hospital un día, Damaso había tosido mucho ese día, más de lo normal, creí que se le saldrían los pulmones… sacó sangre. Yo estaba llorando por que creía que Papá Dios ya lo estaba reclamando.

Pero no se lo llevó.

Yo recuerdo que entré a un cuarto de hospital a verlo, tan bromista como siempre, pero esa mirada gris en sus ojos que me hacía sentir chistoso, como si alguien me presionara por dentro, mi mamá y el doctor platicaban con una expresión negra en sus rostros.

Vi la Muerte.

Soy un niño, no estúpido.

Ya la había visto antes, no sé si soy el único que la ve, espero que no por que me daría mucho miedo al punto de orinarme. La vi caminando afuera de la ventana de Damaso, dando vueltas impaciente mientras varios cuervos le seguían, esto pasaba muy noche, como a las 2 o 3 de la mañana. Vestía su chamarra negra con una capucha que le cubría todo el rostro.

Me daba miedo que se llevara a Damaso, que estuviera ahí para darle el último golpe, si yo hubiera sido un caballero de armadura fuerte y con una gran espada hubiera podido matar a la bruja Lucía Mía.

Tal vez la vida no es un cuento de hadas, ¿Verdad?


“Víctor”, me llamó Damaso, estábamos afuera viendo a las personas caminar en el parque, yo estaba jugando con unos amigos cuando él me llamó, me acerqué y me señaló una banca del parque donde estaba una bola de niños, “¿Ves a aquél grupo de jóvenes que están allá?”

Yo los miré, eran varios de la edad de Damaso, algunos parecían más chicos, a mi me parecían agradables, riendo y jugando, sonrisas en sus rostros… pero había algo en sus ojos…

“¿Ves el cigarro y las botellas de alcohol?”

No las había visto hasta que él me las señaló, mi mami siempre me advertía de lo peligroso que podía ser fumar y beber a pesar de que ella fumaba.

“¡Qué daría yo por tener su salud y su fortaleza! Mira como ellos lo desperdician poco a poco”, me miró a los ojos, “Prométeme que tu vivirás tu vida completa y que darás lo mejor de ti”

Yo respondí que si con la cabeza, sentía que si le decía algo terminaría llorando.

“A veces quisiera ser un ángel de luz y volar, ver todo el mundo y ser un guía de la oscuridad, que mi luz sanara al que se sintiera perdido, que mi calor derritiera corazones”, no me agradaba que Damaso hablara así, parecía que se despedía, “Una noche de dimensión infinita, las estrellas y las luces de la ciudad… ¡Pero qué digo! ¡Ya estoy balbuceando! Mejor que venga Lucía Mía y me haga los mandados…”

Los dos reímos… forzadamente.


Yo no podía dormir tranquilo, ya me asomaba todas las noches a mi ventana y el hombre de la chamarra negra estaba ahí puntualmente, con los cuervos volando a su alrededor o vigilando la ventana de Damaso desde los árboles.

Su capucha cubría ese rostro que me dio curiosidad de ver, pero no necesitaba verlo para saber que tal vez era una calavera o un rostro que describía Muerte.

El hombre de la chamarra negra daba media vuelta y desaparecía en la calle, sus cuervos fieles le seguían.


Finalmente llegó el día, Damaso y mi mamá veían televisión, yo estaba en el pasillo sentado, lo presentía con todo mi ser… me abrasé a mi mismo, buscando refugio y escondiéndome del tiempo.

No quería decir adiós aún, yo sabía muy bien que este era el día.

Comentaban el programa y reían, platicaban muy normal mientras tomaban un café, el tosía de vez en cuando, había aprendido a odiar esa tos con todo mi corazón.

Damaso se levantó de su silla, le dio un beso a mi mamá en el cachete y se tomaron de las manos, yo me levanté y corrí a mi cuarto. No quería decir adiós, no quería… no todavía. Algo me atrajo a la ventana, ahí estaba el hombre de la chamarra negra, más temprano que lo usual, los cuervos se posaban en sus hombros y por encima de su capucha. Todos parecían mirarme fijamente.

“Tienes qué decirle adiós”, escuché una voz oscura en mi mente, pero me hablaba quedito y me sentía bien, como que me ayudaba a entender que lo que pasaba no era malo, pero no me dejé convencer tan fácilmente, estuve a punto de contestarle que se fuera al diablo cuando escuché que Damaso abrió la puerta y entró.

“¿Qué tienes Víctor?”, preguntó, corrí y me sujeté a él, no se lo iba a dejar, no lo dejaría ir, ‘Tienes que decirle adiós’, insistió la voz oscura, ‘Me lo llevaré de todas maneras’

“No quiero que te mueras”

Damaso me sujetó con fuerza y sentí su pecho vibrar, las lágrimas nos enjuagaron la cara, fingió una sonrisa y me dijo: “¿Quién dice que me voy a morir?”

“Los cuervos, los cuervos”, le dije rápidamente.

Damaso me miró raro y después sonrió.

“Mira Víctor, si… si algo me llegara a pasar, que no creo, quiero que sepas que te amo, tal vez no te di todo lo que pude haberte dado como hermano, tal vez… tal vez pude haberte dado más, mucho más, si algo me llegara a pasar, que repito, no creo, quiero… que pienses en mí en tus oraciones y me gustaría… que me platiques cuando te sientas triste, contento o como sea”, Damaso me sonrió de nuevo y acarició mi cabello.

“Me siento exhausto”, dijo de repente, “Hora de ir a la cama”, se levantó, se fue a su habitación… yo ya no pude detenerlo, no pude, me quedé ahí sin moverme, muy quietecito, escuchando la noche infinita que tanto le gustaba.

Me gritó buenas noches desde su cuarto… y nunca más lo volvió a hacer.


Más noche, escuché la voz del señor de la chamarra negra de nuevo, me pidió que me acercara a la ventana, yo le obedecí cansadamente.

Lo miré ahí de píe, señaló al cielo y vi una luz muy brillante, una luz muy bella que volaba alrededor, se acercó a mi ventana y se perdió en la noche junto con las luces de la ciudad.

A veces quisiera ser un ángel de luz y volar, ver todo el mundo y ser un guía de la oscuridad, que mi luz sanara al que se sintiera perdido, que mi calor derritiera corazones.

“Se hizo Luz”, me susurró el Sr. Muerte y me entraron las ganas de reír.

3 comentarios ↓

#1 gabo el 11.21.02 a las 10:39 am

Me mueve Árbol, me gusta. A una amiga mía se la lleva la Lucía Mía cuando tenía 16.

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#2 Yushe el 11.22.02 a las 8:25 pm

=(, muy muy bonito!!!. Gracias por tu luz Arbol, que sea como sea se que logras lo que quieres.

YUSHE

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#3 SARAI HERNANDEZ RUPERTO el 09.14.04 a las 9:01 pm

PUES ME GUSTO,ESTA MUY SENTIMENTAL Y TRAe UN BUEN MENSAJE PERO HAY QUE ACORDARSE DE UNA COSA:

DE “DIOS”

TT: Si eso te recordó, pues que bien… Un saludo.

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