Arnulfo en las Rocas.

Es mejor si lees primero el cuento de La última bolsa de papas fritas

Nuestro héroe es un hombre nada común, atlético de estatura mediana, porte grosero y vulgar pero con un rostro cuadrado que siempre hace mirar a las chicas dos veces, pero lo que las hace mirar tres es el parche en el ojo. Un parche que no tiene necesidad de estar, ya que nuestro héroe, Arnulfo en las Rocas, lo pone sólo para intimidar a la escoria de la ciudad.

Nadie sabe que nuestro héroe no tiene necesidad del parche, más que su hermana menor Frida en las Rocas, que apenas cumplió los quince años y ya mira a los galanes de la ciudad con esos ojos que derriten y exigen un baño público o en su defecto, un bochito para jugar al rock and… rock… and rock again.

Un momento, la historia que estoy contando es la de nuestro bienaventurado héroe, Arnulfo en las Rocas, un policía de la Ciudad de México cómo pocos en el mundo, ya que era incorruptible, inviolable y además, respetado entre sus compañeros. Si Arnulfo decía: “A este cabrón hay que encerrarlo por que miró así a mi hermana y no importa el varo que pague este supuesto diputado”, se hacía y cuando alguien de mayor rango exigía cuentas, entonces se hacía papeleo que se extraviaba, policías con amnesia, detectives que estaban más ocupados con una tal Francisca que era adivina y no se diga de los que estaban absorbidos por el chat caliente, la línea de chistes y los horóscopos con Valer Cercado.

¿Se me olvidó decirles que Frida en las Rocas era una orgullosa parista qué disfruta de sus vacaciones ilegales? Eso damas y caballeros, por lo tanto el pobre de Arnulfo en las Rocas tenía que cargar con ella en la estación de policía y en demás lugares. No crean que lo del diputado fue un mero ejemplo, yo estuve ahí cuando pasó, ¡Palabra de honor!

Pero el sueldo de policía no era suficiente para nuestro héroe Arnulfo en las Rocas, (a quién llamaremos a partir de éste momento Arnulfo a secas ya que constaté que su apellido es el de una bebida), y tampoco era suficiente su hambre de justicia y la lucha para mejorar la vida del débil, por eso trabajaba de detective privado cuando le era posible, (sobre todo cuando la paga era buena, ¿Cómo hacer bien si no hay paga atrás?)

Déjenme platicarles de uno de sus casos más recientes, un millonario, catrín de sociedad, finos modales, pelirrojo apuesto de nombre Juan Bono se enteró de la eficacia de Arnulfo para resolver cualquier caso decidió pedirle sus servicios.

Arnulfo revisaba su correo, eran como 10 o 15 cartas de los bancos chupa dinero, cuándo vio la limosina que le venía a recoger pensó de inmediatamente que era alguno de sus antiguos enemigos con deseos de venganza pero cuando vio que en realidad era un prospecto a sus agudos instintos detectivescos guardó la pistola, levantó a su hermana con un buen periódico enrollado y se subieron.


—Buenos días, Señor en las Rocas —dijo el hombre educadamente, hizo una mueca al pronunciar el apellido y se mordió el labio para no reírse.

—¿Para qué soy bueno? —preguntó Arnulfo.

Frida se lamió los labios y le susurró a su hermano:

—Yo sé para que es bueno

—Cállate, mira Frida que el señor es un cliente, estamos de negocios, ¿si?

—Yo también puedo hacer negocios y con muy buena paga, si me prestas la casa, la esquina…

—Discúlpela por favor, mi hermana anda un poco acelerada, acaba de cumplir los quince y entonces ya se imaginará.

—Oh, perfectamente excusable, yo también tuve una hermana de esa edad.

—¿De verás?

—Oh si, ¿Sabe qué es muy bueno? La televisión, enciérrela y no la saque de la televisión, use los programas predilectos, usted sabe, donde salen los chavitos esos que luego convierten en símbolos sexuales por que las mocosas hormonales los ven.

—Ya lo intenté, pero créame que esta niña es muy difícil.

—¿Van a seguir hablando de mi o nos va a contar su problema? —interrumpió Frida sutilmente.

Ambos hombres miraron a Frida y luego captaron que estaban ahí por una razón.

—Verá, mi nombre es Juan Bono.

—Claro, el respetable dueño de Bono Industries.

—Así es, pues verá, necesito usted que encuentre a mi hermano que se perdió hace 20 años.

—¿Por qué ha decidido utilizar mis servicios?

—Por que leí en el periódico que usted fue el hombre que encontró a las 534 pulgas del circo de pulgas que se le perdió al gran Judini.

—Oh… no fue nada, sólo revisé a 533 perros callejeros alrededor del vecindario, bueno, entiendo por qué quiere mis servicios, pero entonces, ¿Cómo se llama su hermano?

—Jaime Bono.

—Jaime Bono, muy bien… ¿Cuándo se perdió?.

—Fue a la fiesta de cumpleaños de un amiguito hace 20 años, Telésforo Mendoza o algo así se llamaba, también éste se perdió junto con otros 6 niños, sería un bono adicional que los encontrara, en realidad sólo me interesa mi hermano.

—¿Por qué motivo le busca?

—Mi padre, un padre bastante estúpido déjeme decirle, ha dejado una herencia y esta es para mi hermano Jaime Bono, yo soy un hombre ambicioso y de negocios, cómo usted bien entenderá.

—Por supuesto.

—Y para hacer crecer mi imperio he decidido fusionarme con el de mi hermano, pero el detalle está en encontrarle primero.

—Entonces además de apuesto… sería rico, muy rico —se inclinó Frida y sonrió. Juan Bono alzó una ceja y estaba dispuesto a dar su mirada de latinlover cuando el imponente único ojo visible de Arnulfo en las Rocas le dijo que no se le ocurriera o pasaría una semana con un novio apodado el Chicarcas.

¿Ya les dije que nuestro héroe se parece a Sergio Goyri?, ¿no verdad?


—¿Dónde estamos Arnold? ¿En el culo del mundo o qué? —preguntó Frida, sólo se veía una casa solitaria y mucho pasto a lo lejos. La casa era de la abuela de Telésforo Mendoza, la abuela se estaba meciendo en la entrada, muy probable que estuviera esperando a su nieto.

—Deja de llamarme Arnold, y si, es probablemente el culo del mundo, pero nos dieron el trabajo y la paga es buena hermana.

—Ok, yo digo que mejor ponemos un burdel en la casa, muchos de tus compañeros lo hacen hoy en día.

—Mira, ya te dije que no voy a poner el burdel para darte la excusa de que te estés exhibiendo.

—¿Cómo crees hermano? Mira, yo manejaría las ganancias y a las chicas, es todo, lo prometo, palabra de honor.

—Bueno, pensaré la idea, ¿Está bien?

—¡Ehhhhhh!

—Calla, que ya vamos a llegar a la casa.


—Buenas tardes.

—¿Eh? ¿Quién anda ahí? —preguntó la señora delgada, de piel blanca y unos ojos azules apagados, cabello corto y rizado.

—Es usted, ¿Grace Mendoza?, ¿abuela de Telésforo Mendoza?

—Maldito escuincle del mal! ¡Yo le dije! ¡Yo le advertí! ¡No te metas con el Diablo por venganza o éste se cobrará de ti! ¿Me hizo caso? ¡NO ME HIZO CASO! El Diablo es poderoso señor, muy poderoso, ¿Gusta pasar? ¡Acabo de hacer unas galletitas excelentes! Receta secreta de familia, estoy segura de que le encantarán.

Frida tenía los ojos muy abiertos, asustada por el fácil cambio de ánimos en la señora y por lo que balbuceó del diablo, prefería antes un año de ser abstemia en cuanto a chicos que pasar a comer sus galletitas. Arnulfo sin embargo, siempre temerario, aceptó la invitación con una sonrisa en los labios. (Además olían muy bien las galletitas de la señora)


—Saben exquisito señora Mendoza —dijo Arnulfo con una sonrisa de satisfacción, Frida miraba la vieja casa con atención, había una ventana clausurada con tablas, tuvo la impresión de que fue por que alguien se aventó por ella.

—Gracias, ¿Cómo dijo que se llama?

—Arnulfo en las Rocas

—Muy bien Sr. Vodka —dijo la Señora Mendoza—. Usted vino para saber de mi nieto Telésforo.

—De hecho, estoy buscando a uno de los niños que se presentó a su fiesta de cumpleaños, Jaime Bono, uno pelirrojo, medio gordito…

—Ah si, el idiota que le pegaba a mi Telésforo en la cabeza —interrumpió Grace.

—Su hermano Juan Bono, dueño de Bono Industries, le busca por algo relacionado con una herencia, no se si usted pueda orientarme o darme una pista para encontrarle.

—Usted no tiene ni idea de lo que sufrí cuando descubrí la verdad hace quince años.

—¿Disculpe?

Frida y Arnulfo prestaron mucha atención.

—Hace veinte años, Telésforo vino conmigo y me dijo que necesitaba mi casa, que tenía la venganza perfecta en contra de aquellos que se burlaban de él, yo sonreí, era un adolescente, pensé que les iba a disparar con pistolas de agua o les iba a pintar el carro, qué equivocada estaba yo cuando descubrí que en realidad vendió su alma al diablo, se aprovechó de la crisis de la papa, ¿recuerda usted?

—Oh si, terrible, las papas dejaron de ser comestible, pero entonces en Chiapas descubrieron un campo de papas intacto, ahora nos hemos convertido en el primer exportador de papas en el mundo y papas reales por excelencia, lo recuerdo bien.

—Bien, Telésforo vendió su alma al diablo y entonces engañó a los 6 pobres chiquillos que vinieron aquí por la codicia y deseo de ser famosos. Ahorita deben estar ardiendo en el infierno pagando su pecado, pero también está mi pobre Telésforo, sólo quería ser él mismo, pero la sociedad es tan cruel a veces Sr. Vodka.

—Esto me parece un poco irreal Señora Grace, difícil de creer —interrumpió Frida—. ¿Cómo supo que ellos fueron al Infierno?

—Señorita, ¿Cuántos años me calcula?

—Debe tener unos… cincuenta y seis, cincuenta y siete.

—Error, tengo noventa y cinco, una vieja como yo ve al Señor de los Muertos muy a menudo como si fuera un viejo amigo, si sabe a lo que me refiero, y no es lo único que estos cansados ojos ven, también he visto al taxista aquél y tanta cosa rara que pasa inadvertida en el mundo. Un día tuve el valor de acercarme a ellos y preguntarles acerca de lo que pasó ese día, ellos me contaron todo sin esconder detalles, algo que no se si agradecer o… mentarles la madre.

Frida se quedó boquiabierta y Arnulfo movió el bigote.

—Si tiene los huevos de buscar al Señor BonoIdiota, Sr. Vodka, llame al taxista del más allá y descúbralo usted mismo, no le garantizo que regresará pero estoy segura de que mi historia ya lo tiene intrigado, lo veo por cómo mueve su bigotito.

La señora Grace Mendoza sonrió y les ofreció más galletitas.


Al salir de la casa, vieron el camino largo, el coche estaba a unos pasos. Arnulfo estaba pensativo y hacía su pose de Mike Hammer meditando en cómo resolver el caso. Frida miraba la casa con temor y luego el camino y luego el coche.

—Ya nos vamos a casita, ¿verdad Arnulfo?

—No, lo que dijo esa señora me tiene intrigado.

—Es una vieja loca Arnulfo, no hagas caso.

—¿Recuerdas cómo dijo para encontrar al taxista?

—No, no, no, no… en serio le tengo miedo a estas cosas Arnulfo, te juro que olvido la idea del burdel y de sacarme fotos y todo eso, pero por favor vámonos a casa.

—Frida, estamos a pasos de descubrir algo sin precedentes, algo que puede ser muy importante. ¿El Señor de los Muertos? ¿El Taxista del Más Allá? ¿El Diablo? ¿¡Sabes cuánto puede costar nuestra historia!? Hubiéramos traído una cámara para filmar un documental, uno que se llamara el Proyecto de la Bruja Grace o algo así Frida, ¿Te imaginas?

—Arnulfo…

—¡Y las camisetas y tazas con nuestros nombres! Mira, finjamos que ponemos objetos vudú que de repente encontramos en el bosque, no sabemos quien los puso, ¡Pudo ser la bruja Grace! ¡Así hacemos una película de culto de bajo presupuesto!

—Arnulfo, mira allá.

—¿Qué hay allá?

—Un taxi, viene para acá.


Arnulfo extendió su mano y el taxi hizo la parada, Frida se subió después de diez minutos de insistencia por parte de Arnulfo, miraron alrededor y vieron que era un taxi como cualquier otro, esperaban luces espirituales o fantasmitas intentando asustarles pero no fue así. Lo más ocultista que traía el taxi era la Oración del Conductor y el dibujo de un hombre en una barca, en tonos rojos, Frida percibió que el dibujo en si proporcionaba calor, prefirió pensar que era alguna razón psicológica antes de deducir que era el infierno mismo ahí dentro.

—Mi nombre es Arnulfo en las Rocas y esta es mi hermana Frida.

—¿Necesito su nombre para llevarlos a algún lugar? —replicó el conductor, era un anciano de frente amplia, vestía un suéter gris ya viejo y tenía una gorra de la marina nacional puesta al revés, su expresión era triste, como de alguien que ha vivido muchas cosas lamentables.

—¿Es usted el taxista del más allá?

—Mi nombre es Carlos Monte, mejor conocido como Caronte. Yo soy el taxista que se lleva a las almas al infierno, ¿Qué hace usted aquí?, carajo, me choca que los humanos me busquen conscientemente, sobre todo los vivos.

—Verá, quiero hablar con usted de éste caso en particular, Jaime Bono, ¿Lo recuerda?

—No, he llevado millones de almas.

—Gordito, pecoso, pelirrojo… ¿No?

—No, nada.

—¿Muy Estúpido? ¿Le daba sapes a Telésforo en la cabeza?

—¿Telésforo?

—Telésforo Mendoza.

—Oh, el Teles-Fungus, Si, ya recuerdo, el chico de mirada perdida y vacía que vendió su alma por venganza y Jaime Bono es el niño que jugaba a que era agente de la Reina, muy agradable el muchachito, su único problema es que se excedía en su imaginación y su falta de seguridad lo hacían, bueno… estúpido.

—Yo… no sabría decir.

—Me imagino que era lindo —susurró de repente Frida.

Caronte se encogió de hombros.

—¿Los llevo al infierno entonces?

Arnulfo y Frida se miraron a los ojos.

—Si puede sacarnos de ahí más tarde…

—Suena divertido, si, les prometo regresarlos a casa.


—Te quedas en el coche con el Señor Caronte, Frida, en lo que investigo, el lugar no se ve muy grande, regresaré pronto —la vista era arrolladora, una enorme fortaleza que decía ‘Morada del Diablo’, habían pasado por todos los círculos y pisos del infierno antes de poder llegar ahí y lo que habían visto era increíble: Sólo rocas, cuevas de color rojo, sombras fantasmales pero ningún signo de los tormentos y los demonios más espantosos de todo el mundo.

Esperaban ver un demonio patas de cabra o dos pero se quedaron decepcionados.

—No, mejor llévame contigo.

—Niña, en serio, mejor quédate conmigo… —Caronte se acercó a su oído y le susurró—, además tengo una cámara instantánea…

—Me quedo con el Sr. Caronte hermanito —dijo al fin Frida, Arnulfo se rascó la cabeza, miró a Caronte con su único ojo advirtiéndole de lo que podía pasar si le hacía algo a su hermana. Caronte hizo una mueca y guardó silencio.

Y Caronte no se atrevió a sacar fotos.


Arnulfo anduvo por interminables pasillos iguales, había puertas en todas partes, símbolos del sacrilegio pintados con barniz rojo (prefería pensar que no era sangre), buscó algo que le guiara, hasta que encontró una puerta que decía “Jaime Bono, agente británico al servicio de Su Majestad, La Papa”.

Arnulfo tuvo escalofríos, abrió la puerta y entró.

El cuarto estaba lleno de espejos, había un muchachito de 16 años en el centro siendo atormentado por las imágenes que le ofrecían los reflejos, trataba de esconder la cabeza, pero era como si no pudiera, cómo si cada lugar que encontrara hubiera un espejo dónde tenía que verse.

—¿Jaime? ¿Jaime Bono?

El niño parecía no escucharle, seguía ocupado en su constante huir del espejo. Arnulfo intentó dar un paso más cuando un hombre apareció delante de él, sin duda era el Diablo, igual de bien vestido, catrín y elegante que en las películas faltas de imaginación y efectos especiales.

—Bienvenido al Infierno, Arnulfo en las Rocas.


—Yo creí que eras más cabrón en tus castigos, tú sabes, quitar uñas con pinzas y usar limoncito, empalamientos eternos, sosa cáustica en la boca, ratas hambrientas en jaulas y su comida en la garganta del desgraciado.

—Ni hablar, me censuraron, ¿Qué quieres?

—Bien, quiero al niño, me pagaron por traerlo.

—Dame una buena razón para dártelo.

—Porque soy Arnulfo en las Rocas y te puedo enseñar lo hábil que puede ser la policía de la Ciudad de México para hacer un pequeño infierno personalizado.

—No me asustas, ¿Quién crees que les enseñó los trucos? ¿Víctor Trujillo?

—Vamos, provócame, es lo único que estoy esperando para hacerte pedazos.

—¿Qué puedes hacer tú, cuándo eres un simple mortal y yo soy eterno?

—Cabrón, esa línea es de una película, nos van a demandar.

—¿En serio? Retiro lo dicho entonces, pero ya, fuera de bromas, no puedes contra el Diablo Arnulfo, ¿Qué te crees?

—Arnulfo, el policía tuerto que es capaz de encontrar a un circo de pulgas entero.

—Yo se tú secreto Arnulfo, tú terrible secreto.

—Balbuceas.

—No, sé que no eres tuerto.

—¡Ay güey! ¿Cómo supiste?

—Pues soy el Diablo pendejo.

—Bueno, ya, me tengo que llevar a ese niño, en buen plan…

—No.

—¿Por favor?

—No… al menos qué…

—¿Qué, qué?

—Un intercambio, dame tú alma por la suya.

—Jaja, güey, no mames.

—Entonces ya te chingaste.


—Dejen de discutir cómo niñas —dijo Frida que acababa de llegar, ambos hombre voltearon a mirarla desconcentrados.

—¿Frida? ¿Qué haces aquí? —preguntó Arnulfo.

—Me aburrí y decidí venir.

—¿Esa es tu hermana Arnulfo? —preguntó el Diablo.

—Si, es Frida en las Rocas, discúlpala, es medio inquieta.

—Eso veo, aquí tengo una cámara instantánea, tal ves podamos hacer otro tipo de trato.

—¡Me encantaría! —exclamó la hermana.

—Güey, con mi hermana no te metas, te advierto… serás el pinche Diablo pero si me haces encabronar…

El Diablo ignoró a Arnulfo.

—¡Ven Chiquita!

—No seas aguado hermano, este se ve con clase y distinción, a la mejor le podemos sacar algo de lana.

Arnulfo miró con coraje como su hermana empezaba a hacer poses mientras que el Diablo sacaba las instantáneas, observó con íntimo detalle como su hermanita querida e inocente hacía cada vez poses más provocadoras para éL. Arnulfo alzó las mangas de su chamarra y camisa, se quitó el parche y se acercó con una cara de quítense pulgas que ahí les va el peine.


—¡Eres un desgraciado! ¡Me estaba divirtiendo! —gritó Frida. Arnulfo cargaba en el hombro al chiquillo llamado Jaime Bono mientras caminaba hacia el taxi de Caronte.

—Cállate, ya te dije hermana… no tienes la edad para estarte exhibiendo, ¡Y las consecuencias! ¡No manches, si apenas tienes quince años!

—¡Pero si sólo eran fotos de desnudo artístico! ¡Ay hermano! Siempre me arruinas la diversión y sobre todo cuando son buenos pretendientes, ¿recuerdas al del siete? ¿Lo recuerdas? ¡Por tu culpa se mudó a Afganistán!

—Mira, yo le ofrecí la oportunidad de un acompañante de una semana llamado Bulldozer, el la desperdició yéndose… pues francamente no es mi pedo, además este era el pinche Diablo en persona hermana, no manches.

—¡Uff! ¡Pues mejor pretendiente que el Señor de los Abismos no voy a encontrar en mucho tiempo! ¿Estás contento de llevar sus cuernos cómo trofeo, sádico ogete?

—Te estaba sacando fotos hermanita, con esto me aseguro de que no se le olvide.

—Bleh, ¡Ya cállate y súbete al coche! Mientras más temprano lleguemos a casa mejor.

—Bueno.

Arnulfo y Frida en las Rocas se subieron al coche con un Jaime Bono inconsciente, Caronte abrió mucho los ojos cuando observó el peculiar collar de Arnulfo en las Rocas, un par de cuernos rojos y decidió no hablar durante el camino de regreso.


—O sea, todavía que me quitas la diversión, ¿no le cobras al señor? Güey, estar en el Infierno te afectó pero severo.

—Frida, Frida, Frida… hay cosas mucho más importantes que el dinero, verás, yo pienso a futuro, ¿Cuánto crees que paguen en el cielo por estos cuernos y por recuperar almas del infierno? ¿No crees que al final de los días esto será mucho mejor para ambos?

—Ya cállate, ¿Al menos has pensado en lo del burdel?

—No lo vamos a poner y punto, además siempre nos queda The Grace Witch Project.

4 comentarios ↓

#1 Itzia el 11.16.02 a las 9:25 pm

qué pex Tsef? qué te fumaste?

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#2 Don Arturo el 11.17.02 a las 6:51 pm

Aijo, che Fest…vaya que sacas sustos ca’

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#3 alexa el 11.17.02 a las 7:45 pm

le falto algo no???

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#4 DuVEth el 07.23.03 a las 6:00 pm

Jajajajajajajajajajajajaja que me has hecho reír con ese final.

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