Capítulo 1. La Invitación de la Sonrisa.
Sucedió el desastre, una rara plaga azotó a las papas del mundo, dejándolas sin posibilidad de ser comidas en unos cuantos millones de años, los científicos intentaron todo, desde agua tratada hasta la genética, pero les fue imposible recuperar un solo gen de papa pura.
Al principio, la población del mundo pensó que podría sobrevivir sin papas.
Que equivocado estaba el mundo, sobre todo… cuando se acabaron las papas fritas. En México comenzó la nostalgia por el no poder comer sólo una, intentaron engullir las llamadas “frituras de maíz”, dónde se incluía una enorme serie de químicos, aceites y restos de ratones descuidados que fueron a dar a la trituradora. Algunos se adaptaron bastante bien… pero otros, no soportaban la vida sin la bolsa de la sonrisa.
Por eso, cuando Lupita, Jaime, Pedro, Dafne, Lorena y José Luis se enteraron de que su amigo Telésforo conservaba la última bolsa de papas fritas y fueron invitados a su casa para mirarla… no volvieron a burlarse de su nombre.
Nunca más.
—Invitación especial para mi cumpleaños y observar la última bolsa de papas fritas —leyó Dafne a su novio José Luis, Dafne tenía muy buen cuerpo para tener apenas 17 años, vestía un short corto y una camisa pegada que aunque no ofrecía mucho abrigo, ofrecía mucho a la vista.
—¿Cuántos cumple el Tele-fungus? —preguntó Dafne, mascaba un chicle despreocupada, se arregló el cabello largo y se inclinó maravillosamente.
—No le digas así Dafne, ¿No te das cuenta de lo qué dice la invitación? ¡LA ÚLTIMA BOLSA DE PAPAS FRITAS! Hace… hace 10 años que no pruebo una, casi he olvidado el sabor… ¡No puedo desperdiciar esta oportunidad! —el personaje José Luis es un estudiante de 18 años, atractivo, alto atleta basquetbolístico y además inteligente, el partido ideal para cualquier niña adolescente que mantiene un diario sólo para describir a su amor ideal.
—Yo creo que está jodiendo nada más, está desesperado de afecto y quiere que vayamos a verlo en su cumpleaños con una mentira tan ridícula como esa —Dafne hizo una bomba con su chicle y le sonrió a José Luis—. Además, ¿necesitas otra papá frita además de mi?
José Luis le dio un beso y mintió.
—Claro que no amor, claro que no.
Jaime, Pedro y Lorena se miraron unos a otros con incredulidad, ¿Era cierto lo que decía esta bizarra invitación de cumpleaños? ¿La Última bolsa de Papas Fritas en poder de su compañero del taller de arte, Telésforo?
¿El buen Telésforo?
Jaime era un muchacho de 16, pelirrojo y un poco pasado de peso, en su rostro sobraban las pecas, le gustaba patinar, sobre todo cuando se trataba de deportes extremos… siempre había pensado que hacía falta algo en el mundo para completar su descripción de chavo rebelde y juvenil: Las papas fritas.
Pedro, de 17, era más bien un muchacho científico y como tal, delgado al punto de los huesos, muy inteligente, le gustaba la Física, la Química y la Biología, que a su vez juntas daban algo con lo que apenas estaba jugando llamado Genética, ¿No habría premio para alguien que pudiera obtener la última bolsa de papas fritas y así regresar a la época de oro de las Papas?
Lorena, de 19, toda una artista en la extensión de la palabra, pequeña y fina en su porte, se podía decir que era bonita (si eres un artista en toda la extensión de la palabra), según ella todo tenía su lado surrealístico y a la vez cubista, ¿Quién dice que Dalí y Picasso no son amigos íntimos?, si tuviera las papas en su poder… las papas a las francesas renacerían y sólo así, (el sólo así chilló en su mente como una bisagra sin aceite) comprobaría como su zigzag es la cúspide de estas dos corrientes.
—Yo creo que debemos ir —dijo Jaime cuidadosamente.
—Si… tenemos que felicitar al muchacho Tele-F… ¡Telésforo!, después de todo, cumple 18 —completó Pedro.
—¿Qué clase de personas seríamos si no aceptáramos esta artística invitación? —terminó Lorena.
Lupita leyó la invitación y sonrió seductivamente, era guapa y adinerada, tenía 18 años y un cuerpo muy bonito que el gimnasio en el club de su padre había formado.
El tipo de niña que nunca se habría fijado en un Telésforo (un muchacho que era apuesto, pero tímido, algo flacucho, estatura mediana, no sobresalía… X como diría Lupita). Hasta que leyó algo de una bolsa de Papas Fritas, ¿Qué importaba cuántos años cumplía el pelmazo? ¿15, 16, 99?, esa bolsa de papitas… debía ser suya. No escatimaría precios… preparó su chequera, preparó su ropa interior comestible y preparó ese magnífico wonderbra que le daba resultados cósmicos.
—Qué mono el muchacho —pensó tiernamente durante un segundo en su mente perversa Lupita—. Hizo el dibujo de una carita sonriente, como en los viejos tiempos, tal vez le de un besito en la nariz cuando llegue, será un buen detalle… muy buen detalle.
Lupita se felicitó a sí misma por su inteligencia y salió a casa de Telésforo maquinando una serie de planes perversos en el que todo hombre quisiera involucrarse al principio pero escapar del final.
Capítulo 2. Entonces se reunieron los corderos.
Los primeros en llegar fueron José Luis y Dafne, un poco más tarde llegó Lupita, quien los reconoció en seguida y les saludó como la reina saluda a la chusma para obtener una buena imagen pública, también saludó a Pedro y Lorena cuando llegaron pero ignoró al lacayo de Jaime, tenía miedo de que este fuera a tomársela muy en serio y la asediara toda la noche.
Sin embargo… no podía despegar la vista de José Luis, que cuerpo tenía ese hombre… qué nalgas, ¿Serían de acero cómo los jeans declamaban? Y su pecho merecía una atención especial de besos y caricias.
Dafne y su radar anti-malditas-que-quieren-robarme-el-novio-tan-buenote-que-tengo se activó de inmediato y pudo notar ese fuego de lujuria en los ojos de Lupita, sin tiempo que perder se interpuso entre su mirada y su novio, besó a José Luis de una manera larga y apasionada.
Dafne escuchó un suspiro de resignación…
…resignación a medias.
Lorena era más discreta en su mirada, no representaba ningún peligro, al menos que José Luis la viera como la amazona sensual que era artísticamente hablando (y créanme queridos lectores, que José Luis no tenía esa apreciación artística y si estuvieran en su lugar, ustedes tampoco). También pensó algo de nalgas de acero y jeans que lo gritaban como gritones de la lotería.
Pedro estudiaba la casa a la que habían sido invitados y Jaime se limpiaba los mocos.
Una puerta se abrió, los invitados que esperaban en la acera terminaron su juego secreto y miraron en dirección a un chirrido que pareció siniestro, alzaron cejas, estiraron brazos, miraron unos a otros, desactivaron radares anti-malditas-que-quieren-robarme-el-novio-tan-buenote-que-tengo pero rápidamente lo reactivaron, un wonderbra se estiró para deleite de los caballeros y unas nalgas de acero se viraron para deleite de las damas.
Sería una noche larga sin duda.
—Damas y Caballeros —dijo un muchacho pálido y flacucho que apareció de entre la oscuridad de la puerta—. Espero que hayan traído regalos, me gustan los regalos.
Telésforo sonrió y los invitó a pasar.
Los seis invitados lo siguieron, tenían que ver la última bolsa de papas fritas.
O Telésforo tenía un gran sentido del humor de esos que sólo la gente que quiere entender entiende (la cual no es la mayoría y prefiere creer en elefantes rosas antes que identificarse con ese tipo de humor) o los gorritos, espantasuegras, servilletitas de un ratón y un pato (¿O era un conejo? Depende del color del pato que elijan, así no hay pierde), globitos y demás decorativos de las fiestas infantiles eran mortalmente serios y tendrían que guardar silencio.
De cualquier manera, perdían, así que cada uno de los invitados prefirió activar el modo lamebotas de sondeo y ver a qué límites podían llegar con él.
La primera fue nuestra belleza Lupita.
—Esto… tiene un toque de niño interior increíble Telésforo… se ve que eres una persona muy tierna —sonrió Lupita su sonrisa de modelo hija de familia.
—Muy artístico —añadió Lorena.
—¡Jaja! Eso es lo que siempre vi en ti Telés-F…ooooro… ese toque de espontaneidad y humor que te caracteriza —exclamó José Luis, Lupita le dedicó una mirada de ‘este es un digno rival o lo pongo de mi lado y le apapacho los jeans… o le apapacho los jeans y lo saco de la competencia’.
José Luis sintió la mirada y la correspondió de igual manera.
Si Dafne y su radar tuvieran una alarma… sería una de antisismos, chillaría en toda la nación por radio y televisión, corten luz y teléfono, apaguen el gas y recuerden, debajo de un mueble… por si las piedritas…
Pedro y Jaime seguían juntos, uno analizaba la casa y el crudo sentido del humor y el otro tenía un exceso de cerilla.
—Esperen, antes de que me digan lo lindo que soy —sonrió Telésforo, era guapo, pero la sonrisa que había aprendido no le daba muy buena cara, parecía de esos psicópatas de ojos azules y miradas perdidas—. Quiero traerles algo, ¡por favor tomen asiento, un gorrito, un espantasuegras y hagan ruido!
Telésforo salió apresuradamente hacia un cuarto que parecía la cocina y se dedicó a hacer ruido.
Los invitados tomaron asiento muy despacio, mirando a su alrededor.
—José Luis, esto no me gusta —susurró Dafne, José Luis tomó la mano de Dafne y la acarició, debía probar las papas fritas, quería recordar su sabor… y de paso ganar algo más de fama, tal vez comercializar su historia.
Jaime tomó un gorrito y un espantasuegras tal como habían sugerido, se lo puso estúpidamente y empezó a jugar, ¿Qué más podía hacer un rebelde cómo él sin papas?
—Saben, por la construcción de esta casa… me temo que la única salida es por dónde entramos, ¿no escucharon el chirrido de la cerradura al entrar?, creo que estamos aquí atrapados —mencionó Pedro.
Lupita miró a Pedro con su mirada de ‘este es el inteligente y el último recurso si todo sale mal con mi príncipe nalgas de acero’, le dedicó una sonrisa y disfrutó como Pedro se sonrojó.
Lorena sería fea en un plano más real y materialista, (recuerden, es una belleza artísticamente hablando), pero no era tonta y estaba empezando a detectar el juego de Lupita, miró a Dafne, luego a Lupita, a Dafne otra vez y se sonrió así misma.
La artista iba a decir algo que se perdió cuando un olor a aceite cubrió el cuarto, un olor casi olvidado, casi desconocido, el olor que las patéticas frituras de maíz pretendían simular.
Telésforo estaba saliendo de la cocina, llevaba en sus manos un plato pequeño, parecía que resplandecía de un oro incandescente, bajó el plato para que estuviera al alcance de la vista de todos y cada uno de ellos.
Seis papitas cuidadosamente arregladas en forma de pétalos de alguna flor.
Jaime dejó de jugar con el espantasuegras que sutilmente cayó de su boca.
Pedro ya estaba frente a un podio, dando conferencias del regreso de las Papas.
Lupita sintió como el wonderbra se achicaba.
José Luis babeó como el perro con rabia que era.
Lorena ya se imaginaba como la reencarnación de Dalí y Picasso en un mismo cuerpo.
Dafne los observó a todos y se dio cuenta que estaba en un ambiente muy tenso, la piel se le hizo de gallina, miró entonces a Telésforo y su rostro de satisfacción más la inseguridad de una mirada vacía le dijeron que debía largarse de ahí en cuanto pudiera.
Observemos con cuidado a nuestra proclamada reina de la belleza: Lupita, quien tomó la papa que le correspondía con una delicadeza extrema, sus dedos palparon la textura, la grasa que le enseñaron en el gimnasio de su padre a rechazar le parecía sagrada en ese momento, imaginemos ahora un close-up de su rostro, en este comercial los labios de Lupita sensualmente rojos se abren lentamente para acercarse al tema central de nuestra historia, la papa, saca la lengua y la lame por que quiso que el comestible durara.
Dejen de pensar en ese otro tipo de “comestibles”, (ya saben, labios rojos, hoyuelos en los cachetes, una lengua que lame, se puede llegar a muchas conclusiones), tal vez más tarde en la historia, disculpen esta breve intromisión, continuamos…
Hubiéramos podido decir que era un ángel resplandeciente que enciende el deseo si no supiéramos sus verdaderas intenciones.
Jaime tomó groseramente su papa y se la tragó casi de un bocado, unos segundos más tarde se dio cuenta de su error cuando vio cómo los demás tomaban la suya correspondiente y la saboreaban poco a poco.
Dafne tomó la papa indiferentemente, se la comió y se preguntó que tenía de especial, escuchó susurrar ‘Dalí’, pero no vio quién lo dijo, tuvo un escalofrío y se levantó de su silla.
—¿Tienes música Telésforo?, si vamos a animar esto, obviamente necesitamos música.
—Claro, allá está el estéreo, pon lo que quieras —Telésforo se dio cuenta de lo corto que podían llegar a ser los shorts y de lo mucho que podían llegar a lucir. Siguió las piernas de Dafne con la mirada en cuanto esta se volteó para ir hacia el estéreo.
José Luis se dio cuenta de esto, el también tenía un radar, pero ahora… ahora las papas eran lo que contaba, eran la mina de oro, fortuna y fama… tal vez podría hacer que Dafne hiciera unos sacrificios. Sonrió. Y disfrutaba su papá frita. Mucho.
Capítulo 3. Sacrifiquémonos por las Papas.
José Luis se paró rápidamente, el fue el que inició lo que en un futuro los sobrevivientes llamarían: “La Guerra de La Papa”, llevó a Telésforo a un rincón, mientras los demás invitados imitaban congeniar cuando para sus adentros sabían que él ya planeaba algo.
—Amigo Telésforo… —susurró José Luis sólo para que él y Telésforo pudieran escuchar— ¿Ves aquél panqué glorioso que se está moviendo ahí?
El panqué glorioso era Dafne, que puso una música medio movidona y empezaba a mover sus caderas al compás de la música, les daba la espalda por lo tanto Telésforo veía el arco de sus glúteos con tremendo placer.
—Qué… qué… qué short tan pequeño —tartamudeó Telésforo.
—¿Verdad? Por eso es mi novia.
Telésforo volteó hacia José Luis sorprendido, recordando que no DEBÍA VER esos shorts por que no le correspondía, esperaba ver a un José Luis furioso pero…
—Te la puedo compartir si tú…
—¿Si yo qué? ¿Si yo qué?
—Me compartes más de ese oro grasoso.
Telésforo sonrió confundido.
—Papas fritas hombre, ¡PAPAS!, ¿Si? —José Luis perdió su compostura un momento, pero luego la recuperó.
Telésforo siguió un poco más el péndulo que se habían vuelto las caderas de Dafne con la mirada, se remojó los labios y se sobó el cuello pensativo, ‘Qué short… tan… pequeño… qué se voltee, necesito ver delanteras, necesito ver delanteras’, y como por arte de magia, Dafne obedeció a la mente de Telésforo, se volteó con los ojos cerrados y movió el pecho acorde a la música, entreabrió los ojos de una manera hipnotizante, junto las manos mientras su cuerpo entero se seguía moviendo, señaló a José Luis y le dijo un Ven Acá con los dedos.
—Imagínatela… toda para ti —susurró José Luis—. Hablaré con ella… y veremos qué sucede.
Telésforo dejó escapar un gemido.
—¡Si hombre! ¡Ve! ¡Ve!
Telésforo quería seguir viendo a la bailarina casi arábiga de Dafne… pero un imponente Wonderbra se lo impidió, era Lupita quien le dio un beso a la nariz.
“Buen detalle Lupita”, se felicitó así misma.
—Hola Telito —dijo Lupita con un tono de voz tan tierno que a Telésforo se le movieron los cables de la compasión lujuriosa.
—Lupita… —alcanzó a escupir Telésforo, una gota de saliva cayó en la nariz de Lupita quien detuvo el impulso de limpiársela y gritar hasta de lo que se iba a morir… en vez de eso, pensó a 100 por hora que podría ayudarle e hizo lo siguiente: Se limpió la gota de saliva con un dedo y lo chupó con una sonrisa. (No, no, no… aún no llegamos a esa parte de la historia, si, de acuerdo, hay labios grueso puestos en un cuerpo cilíndrico, lo acepto, también hay hoyuelos en los cachetes de una Lupita y una mirada seductora que derretiría a cualquiera, pero aún no amable lector, haz el favor de esperar).
—¿Bailamos guapo cumpleañero? —sonrió Lupita, tomó las manos de Telésforo y lo metió a la sala, Lupita lo pegó contra su cuerpo y lo obligó a bailar de una manera sensual y agresiva.
Pedro sintió celos de Telésforo.
Lorena sintió celos de Dafne.
Jaime se limpió la nariz ruidosamente.
Lorena jaló a Pedro y se pusieron a bailar, mientras un Jaime aburrido bostezó, miró el plato donde yacían las migajitas de una papas fritas recién comidas, las devoró y lamió el plato hasta que quedó brillante.
Nadie sabía que mecanismos movían las bisagras de la mente de Jaime, excepto el autor de la historia, les puedo decir que a pesar de ser descrito como un estúpido aún no han visto ni la mitad de lo estúpido que puede llegar a ser… una estupidez tal que se da el lujo de compadecerse de su dueño y le otorga momentos de brillantez. Jaime es de aquellos que se creen el héroe de la película, el apuesto y audaz agente británico que tiene la misión de recuperar las papás fritas para su Majestad (y por supuesto, para su imagen de chico rebelde), ¿Pero qué sucede cuando… el agente británico se olvida de que es apuesto y audaz y sólo queda el niño de 16 años que ha visto muchas películas de ese estilo?
Lo adivinaron, problemas y un chico que se llama así mismo Jaime Bono.
José Luis miró rápidamente hacia Lupita y casi se mordió la lengua, ella estaba ganando puntos en el juego de la última bolsa de papas fritas, el nada más mirar como se estiraba su minifalda cuando hacía el paso de bajar las rodillas no le ayudaba más que a incrementar su deseo y su ingenio para conseguir el oro grasoso.
Dafne miró hacia la misma dirección y se mordió el labio, se volteó furiosa hacia José Luis. Este detuvo su baile y le dedicó una mirada confusa, se dio cuenta de lo que sucedía y cambió su rostro al José Luis angelito tierno.
Dafne no podía contra esa expresión, sencillamente no podía, era esclava de él cuando lo hacía.
—¿Qué te sucede amor? —preguntó él inocentemente.
Ella planeaba gritarle, darle una cachetada, un rodillazo bien merecido entre…
—Nada corazón, es que… no se, me molesta que le prestes atención a esa mujer.
José Luis fingió una risa comprensiva y de ‘todo estará bien’.
—No tienes por que estar celosa —José Luis la tomó de la cintura y la llevó a un sillón cercano, se sentó él y la sentó a ella en sus piernas, ella se acomodó como le gustaba e hizo el gesto de niña hablando con papi—. No me interesa ella… si no él.
Dafne arrugó la frente.
—¿Él? —preguntó molesta.
—Si… él, ¡pero no en ese sentido tontita! Las papas Dafne, son reales… ¿No te comiste la tuya? ¿No disfrutaste ese sabor perdido hace diez años? Es imposible describirlo.
José Luis habló y ella absorbió sus palabras como esponja, de hecho no le habían importado el sabor, ni la grasa, ni el hecho de que era una comida extinta, pero cuando José Luis le empezó a describir la sensación fue todo lo que necesitó para creer que ella necesitaba las papas, sobre todo, las necesitaba para tenerlo contento y complacido.
Eso es amor señoras y señores… eso es amor.
—¿Pero cómo podemos pedirle la bolsa a Telésforo… si no nos la dará? —preguntó Dafne. José Luis se felicitó por que la había guiado justo a donde quería. José Luis angelito tierno se asomó de nuevo en la cara de José Luis.
Dafne se derritió.
—Telésforo… te desea amor —insinuó José Luis.
Dafne escuchó una vocecita en su mente decir: esto es una locura, tenemos que largarnos de aquí, José Luis es un cerdo hijo de su… pero… que rostro tan bonito tiene… ¡es de un tierno! No puedo dejarlo… no puedo… y si el me pide sus papas… es que las necesitamos, estoy segura de que si son necesarias… son el sabor olvidado, el oro grasoso.
—Sacrifiquémonos por las papas —susurró José Luis en el oído de Dafne, ella se apretó contra él de emoción y susurró en respuesta:
—Mi vida por ti.
Jaime Bono observó callado y con sus nervios de acero (así dice el script de su mente) a la pareja en el sillón, el malvado doctor José Luis planeaba algo, el brillo en su mirada lo delataba. Tenía que manejar la situación con su audacia y encanto natural de agente británico y no dejarse llevar por las femme fatale de Lupita y de Dafne.
Escuchó un silbido que provenía de la calle, se levantó de su asiento y se asomó como un espía haría, había un hombre caminando que vestía chamarra negra y habían un par de cuervos volando a su alrededor, llevaba la capucha puesta.
Jaime Bono se encogió de hombros y puso toda su atención e inteligencia en el drama que se estaba desarrollando, tenía que conseguir las papas para Su Majestad y no se permitía una distracción de su parte.
—Haremos unos pequeños sacrificios para obtener las papas —pensó Jaime Bono y sonrió.
Capítulo 4. Artísticamente hablando.
Lorena bailó con Pedro moviendo el cuerpo de todas maneras, cómo si fuera una bailarina hindú de gran elasticidad, hay que admitir que Lorena es fea, feísima… qué digo fea si es poco, es horrible, pero así como admito la falta de estética agradable, también admito que Lorena se mueve muy bien. Para aquellos caballeros que buscan un cuerpo que mueva, Lorena sería su opción.
Pedro estaba escurriendo un hilito de baba, mientras se ponía a pensar si esta era la Lorena que parecía Ornitorrinco entre patos, gansos y cisnes. Recordó el dicho de: “Todos los gatos de noche son pardos” y le concedió la razón.
Lorena observó atentamente a Telésforo, su víctima, no había otra persona que le pudiera proporcionar las papas sin alguna probable puñalada por la espalda. Telésforo era inocente, sencillo, tonto, debía haber alguna manera de sacarle las papas sin mucho teatro.
Lorena sabía que no podía contar con el factor físico como lo hacían Dafne y Lupita. Tal vez José Luis tuviera un plan, pero Jaime y Pedro no tenían manera segura.
Ahora que lo pensaba, ella tampoco tenía oportunidad.
Pero era mujer.
Las mujeres usan dos métodos para conseguir lo que quieren de una manera rápida y casi segura. Las lágrimas y la apertura de apéndices inferiores, triste pero cierto, el feminismo podía irse a la basura si significaba el reencuentro de Dalí y Picasso.
Lupita era el vivo ejemplo con el Wonderbra y la manera en como esa minifalda se estiraba al agacharse enfrente de Telésforo para hacer del baile algo más hipnótico y sensual, si tuviera una cámara fotográfica podría sacarle fotos y chantajearla con entregárselas a su madre que era lider de una organización de mujeres católicas.
Lástima, si tuviera una cámara.
Lorena miró de reojo a Dafne, esta se encontraba abrasada a su querido José Luis, este le susurraba unas cosas al oído, Lorena miraba el rostro de José Luis y encontraba a un ángel… estaba segura de que si él pidiera algo con ese gesto, se lo daría en menos de lo que canta un gallo.
“¿Cómo puedo conseguir esas papás fritas? ¿Cómo? —pensó Lorena— Dalí… Picasso, ayúdenme, se que puedo entregarle mi cuerpo a Telésforo por el bien del arte, se que puedo. ¿Cómo mantener ocupados a los demás contendientes? ¿Sobre todo a Lupita? Oh… papas fritas que andan por los oscuros caminos del olvido, su resurgimiento traerían a nosotros el nuevo orden del cubismo y del surrealismo. Cubico surrealismo debe resurgir de las cenizas para abrir las mentes de los perdidos en la Televisión. Oh Dalí… Picasso… guíen a esta su fiel sirviente, guíen a esta amante del arte por su camino zigzag amarillento y grasoso… guíen a… ¿Nalgas de acero?”
Lorena posó sus ojos en José Luis.
Lorena volteó hacia Lupita.
Lorena sonrió en un rostro que se vio bello… claro, artísticamente hablando.
La música se detuvo, Dafne y José Luis seguían arrinconados en un sillón en un lavado de cerebro mortal. Lupita hablaba con Telésforo en otro rincón. Pedro se sentó en el sillón grande meditabundo y Jaime miraba la ventana pensativo en un gesto seriamente estúpido.
Lorena suspiró y empezó su plan.
Sentía la tensión alrededor. Todos deseaban esas papas fritas.
Lorena miró hacia la cocina, pudo notar que Lupita hizo lo mismo al mismo tiempo. Debía ser rápida, con velocidad sobrehumana caminó hacia la entrada antes de que Lupita pudiera hacer un movimiento.
Lupita alzó una ceja extrañada y supo que la artista planeaba algo.
—Telésforo, ¿tienes refresco? —preguntó Lupita con el corazón latiéndole rápido, primero debía ganarse a Telésforo antes de deshacerse de Lupita y Dafne, tenía que ganarse su confianza.
—Si, en el refrigerador hay refrescos —contestó Telésforo.
—¿Puedes venir a enseñarme? —preguntó Lorena.
Lupita hizo ‘click’.
Dafne urgida por un José Luis hizo ‘click’.
—Puedo ayudar en la cocina si quieres —dijo Lupita.
—Yo puedo servir los refrescos Telésforo, sólo dime donde están los vasos —dijo Dafne.
Aunque como las dos hablaron al mismo tiempo se escuchó así:
—Pueyoedo ayuservidar enlos Telesifoerero quiersolo, dime donde están los vasos.
—No, no, no —dijo Lorena ya más segura—. Miren, podemos comprar algo de beber para animar la reunión, que vayan los hombres…
José Luis protestó.
—Pedro y Jaime parecen chamacos, no nos ayudará con el señor de la tienda.
Lorena fingió un gesto pensativo.
—Entonces Lupita y José Luis pueden ir a comprar lo suficiente, mientras los demás compran algunas botanas más… para calmar nuestra hambre de papas debemos probar algo de lo tradicional, ¿no les parece?
Lupita se mordió el labio, la maldita acababa de decir algo sensato para que los demás accedieran y sacarlos de ahí.
José Luis abrió la boca para protestar cuando un Telésforo inocente y cándido dijo: “Me parece buena idea”.
José Luis podía muy bien llevarle la contraria, pero no podía darse el lujo de algún problema con Telésforo, no ahora, y Lorena lo tenía tan cerca, estaba prácticamente en sus redes.
José Luis pensó: “Mi Telésforo es tan… tan… estúpido… no puedo dejarlo solo con esa loca, no puedo… no debo… es tan pequeño, tan indefenso… como un pequeño siendo criado por lobos”, pero no tenía opción.
Se escucharon coches ya que las tiendas estaban alejadas de la casa de Telésforo que vivía en un monte solitario. El silencio se volvió sólido, Lorena tenía a Telésforo a dos metros, en la cocina, sirviendo refrescos.
Lorena se mordió los labios, no podía decir nada, sólo se dijo una última frase que nunca olvidaría: “Por el arte”.
Volteó a Telésforo, aunque no lo crean, no se veía sorprendido, pero hacía una mala imitación del gesto.
Telésforo si tenía una buena apreciación de la belleza artísticamente hablando, miró con interés y fingida sorpresa como Lorena se inclinó delante de él, bajó zipper y la escena tan esperada (aunque no por nuestra actriz predilecta) tomó lugar como profeticé en capítulos anteriores.
Si les sirve de consuelo, Lorena imaginó que besaba una papa a la francesa.
Capítulo 5. La Mosca en las papas.
Oscuridad.
Lorena abrió los ojos, le dolía la cabeza horriblemente, lo único que recordaba era que estaba succionando a Dalí y Picasso, sus manos estaban inmóviles y ahora que lo pensaba, sus piernas también. Puso más atención y abrió los ojos buscando una razón de lo que sucedía.
—Por el arte —susurró un carcajeante Telésforo.
—¿Qué sucede aquí? —preguntó Lorena preocupada, el dolor de cabeza se hizo más intenso, intentó liberarse pero sólo hacía que le dolieran las muñecas y las piernas.
Telésforo prendió la luz.
Delante de Lorena había un delicioso plato de papas a la francesa. Lorena las miró largamente, disfrutando cada zigzag, las tonalidades de amarillo y blanco por la grasa… Las necesitaba… si tan sólo pudiera acercarse un poco más, si tan sólo pudiera moverse un centímetro y tomarlas.
Se puso a pensar y se dio cuenta que era ilógica su situación, ¿Cómo podía desearlas si debía estar buscando la manera de escapar?, su cuerpo decía otra cosa, su cuerpo gritaba deseo por las papas. Lorena tuvo miedo, pero el deseo no disminuyó si no que aumentó. Miró a su alrededor y había algunos cuadros de artistas que se le hacían vagamente familiares, hace tiempo recordaba de quien eran esos cuadros. Nombres que importaban todo para ella, se castigó a si misma por no poder recordar.
—Disfruta tu castigo —sonrió Telésforo, antes de irse se asomó por una ventana y observó a un taxista fuera de su coche y a un hombre de chamarra negra platicando, hizo una mueca y continuó.
Capítulo 6. Un Premio de Genética para Su Majestad, La Papa.
Tardaron un poco en llegar, pero lo habían logrado. Consiguieron bastantes bolsas de frituras y algunos pastelitos de chocolate, a Jaime Bono se le antojaron y accedieron por compasión.
Al llegar a la casa se sentía diferente, los gorritos, los espanta suegras, la escarcha y demás decoración seguía ahí, aunque el aire se sentía como si no fuera aire sino un líquido muy viscoso en el cual les costaba trabajo moverse.
Un Telésforo pensativo sentado en el sillón apenas les llamó la atención, como si se hubiera mimetizado con el ambiente.
—¿Y Lorena? —preguntó Pedro.
—Se fue… dijo que tenía algo importante que hacer mañana.
Casi todos se alegraron, un problema menos, una persona menos que pudiera pelearse por las papas fritas, pero la estupidez tuvo su momento de brillantez en Jaime Bono.
—Si ella quiere las papas, tanto como todos nosotros… —pensó el agente británico y miró a Telésforo con cuidado, había algo raro en él, mentía.
—Jaime, ¿Puedes ayudarme en la cocina hombre? Poner las frituras en los platos y todo ese rollo —dijo Telésforo.
Jaime olvidó que era un buen agente británico y se convirtió en el estúpido Jaime agente británico.
—Claro, un segundo.
Dafne y Lupita tenían un duelo de miradas, José Luis estaba contento de que ya no era su problema, se había deshecho de preocuparse por Lupita, ahora era el problema de Dafne y estaba seguro de que esta se encargaría de la mejor forma posible.
Pedro observó como Jaime se retiró a la cocina, se dio cuenta que algo no tenía lógica aquí. ¿Cómo pudo haberse ido Lorena sola así de fácil? ¿El camino cómo lo recorrería? ¡Si estaban en el culo del mundo por el amor de Dios! Habrá sido capaz Telésforo de…, Pedro frunció el ceño, su mente trabajaba a toda velocidad. Escuchó el cerrojo de cuando Telésforo cerró la puerta al entrar por primera vez y cómo les tuvo que ir a abrir la puerta por que la había cerrado con llave.
Aún había tiempo, aún podía escapar… aún no había cerrojo en la puerta. Pero… ¡por Dios! Las papas… tenía que conseguir aunque fuera una muestra de papa real antes de irse, revisó el plato que antes contenía las 6 papas acomodadas como flor y estaba brillando de limpio, ya no había nada ahí. Cometió el error de haberse tragado su papa muy rápido.
Miró hacia la cocina con rostro sombrío, una verdadera muestra de preocupación. Estaba en conflicto, ¿Debía dejar las papas para salvar la vida?, se acercó a la puerta principal y giró el picaporte, no se abría. Se mordió los labios y miró atrás a José Luis, Lupita y Dafne… estaban muy ocupados fingiendo que platicaban amistosamente.
Suspiró y un Pedro que no aceptaba los hechos decidió presentarse y sentarse para fingir que platicaba.
—Jaime —susurró Telésforo.
Jaime volteó con un par de cubas recién preparadas, miró a Telésforo con una bolsa de papas fritas en las manos. Jaime detectó el olor en seguida, se asomó para mirar el brillo de la bolsa metálica y el amarillo especial que este significaba.
—Su Majestad… Las Papas Fritas —susurró Jaime Bono.
Telésforo hizo una mueca.
—¿Su Majestad?
—Ohh… no nada
Telésforo sonrió.
—Jaime, estamos en confianza… adelante, dime.
Jaime hizo una mueca.
—Bien… mira, a veces, uno de mis juegos es pretender que soy Jaime Bono, tú sabes, cómo Bond, y pues… uno de mis sueños es poder comer papas fritas de nuevo, entonces juego a que Jaime Bono es el agente secreto que podrá recuperar a Su Majestad para el mundo, no se… es estúpido, ¿verdad?
—No Jaime, para nada.
—Lo se T… ¿qué?
—No es nada malo pretender e imaginar un poco, ¿o si?
En este momento, Jaime recordó todas las veces en que se había atrevido a darle un sape a la cabeza a Telésforo, cómo sus asquerosas y cabronas manos habían tocado la cabeza de Santo Telésforo y quiso llorar.
—Te necesito como Jaime Bono amigo, en este momento allá afuera… están los malos de la película, José Luis…
—Dr. José Luis —corrigió Jaime Bono.
—Dr. José Luis planea obtener a costa de todo, inclusive de sus novias, las papas fritas. Pero no es el único, todos ellos quieren regresar el paraíso al mundo, Jaime Bono, y debemos detenerlos por que el hombre es estúpido y haría lo mismo de nuevo con este regalo de los dioses.
Jaime Bono hizo la mirada de la responsabilidad del destino.
—Entonces, ¿debo eliminar al Dr. José Luis?
—No, primero a su malvado científico… a…
Pedro miró la ventana, no valía la pena, debía de escapar, las papas no lo valían, era muy joven para sacrificar su vida por la ciencia. Estaba desesperándose y cuándo se desesperaba podía chillar como un ratón siendo aplastado por la ratonera.
Miró a todos lados nervioso.
Escena siguiente: todo está a cámara lenta, Pedro instintivamente observa la puerta de la cocina, su cuello gira a 1 milímetro por 10 segundos, sus ojos se abren denotando una expresión de terror muy franca por el slow en la escena. Abre su boca en señal de querer gritar, la razón de esto es por lo que está viendo, a continuación, la cámara se mueve a la puerta de la cocina y observamos a Jaime Bono saliendo con un porte divino, como si fuera un Soldado de Dios Mismo, se ve imponente, grande, nada estúpido, es JAIME BONO. Detrás de él camina Telésforo, una sonrisa que dura menos de un segundo se dibuja en su cara.
Pedro se levanta y gira para todas partes buscando una salida, está seguro que Telésforo ha estado jugando con ellos desde el principio, mira la ventana, la mira otra vez, se avienta por ella con una habilidad atlética que no sabía que poseía.
Y pues si, no poseía, por que cayó mal afuera y se pegó contra el piso además de que el cuerpo le dolió por el impacto.
Sintió que alguien detrás de él le jaló los píes y empezó a chillar como ratón.
—¡Cállate enemigo de Su Majestad! —gritó Jaime Bono, un rayo surgió afuera, empezaron a caer gotas de lluvia.
—No se levanten amigos, yo iré a ver qué sucede… seguramente es una discusión vieja entre ellos”, dijo Telésforo para tranquilizar a Lupita, José Luis y Dafne. —Pero vaya que si es vieja, ¡qué hasta a golpes se agarraron! —dijo Dafne.
Telésforo salió por la ventana que ya no había.
Oscuridad.
Jaime Bono abrió los ojos, el estómago le dolía horrores, estaba en un cuarto iluminado, alrededor de él sólo habían espejos. Se miró un rato en ellos, tratando de recordar lo que había sucedido.
—Cómo en Don Quijote, Jaime Bono… yo creo que la única medicina a tu enfermedad es que te confrontes a ti mismo —habló Telésforo, Jaime buscó su voz con la mirada.
—Mírate… eres un gordo, pecoso a más no poder y muy estúpido, no eres ningún Jaime Bono.
—¡Mentira! Yo soy un agente…
—¡Un agente promotor de la Vasectomía cabrón! Vete al espejo, ve quien eres realmente.
Jaime Bono se puso las manos a la cabeza, cerró los ojos para esconderse de los espejos, de la voz que hablaba y lo metía en la realidad. Se puso a llorar y rogó por Su Majestad.
Oscuridad.
Pedro abrió los ojos, estaba agotado física y mentalmente, ya no quería recordar, ya no quería pensar con claridad, ya no quería analizar. Se dio cuenta que estaba inmóvil, no podía moverse… estaba cubierto, todo su cuerpo con alguna sustancia extraña, dura.
—Eres un premio Pedro, el premio de genética de Telésforo Mendoza —dijo una voz y se echó a reír.
Pedro intentó hablar pero no pudo, estaba demasiado entumido.
Capítulo 7. ¡Un Wonderbra para Llevar! (Para las damas: Nalgas de Acero con Queso por favor).
Telésforo regresó, miró los choques eléctricos de los 3 pares de ojos que le prestaron atención y tuvo un leve escalofrío.
—Lo siento… los mandé a su casa a ambos. ¡Vaya manera de pasar un cumpleaños! ¿No creen?
—Ya, fuera de rodeos —dijo Lupita—. Estamos aquí para una cosa y no es tu cumpleaños, ¡queremos las papas fritas y las queremos ahora! Nos dividiremos las ganancias, te pagaré, ¡estoy dispuesta a lo que sea!
—Eso va para nosotros también —mencionó Dafne por orden de José Luis.
—Parece que tendré que decirles la verdad.
—¿La verdad? —dijeron los tres al unísono.
—Si, verán, lo que pasa es que me he cansado de que se burlen de mi y de que jueguen conmigo y que solo me llamen para proporcionar tareas, conocimiento o diversión a expensas de mi integridad física y espiritual, por lo tanto decidí tomar medidas drásticas contra ustedes.
—¿Qué clase de medidas drásticas? —preguntó José Luis.
—Vendí mi alma al diablo y le ofrecí sus almas a cambio de venganza, el accedió con gusto y creó la ilusión de las papas fritas para ustedes.
Se miraron unos a otros y se echaron a reír.
—Buena imaginación Telésforo, pero en serio, ya queremos las papas y no estamos dispuestos a esperar ni un segundo más, así que dinos dónde están.
Telésforo se encogió de hombros y sonrió.
—Síganme… por aquí.
Siguieron a Telésforo, Dafne miró por la ventana una última vez y observó a un anciano de expresión triste fuera de su taxi y dedicándole un saludo. Ella correspondió educadamente, pero tuvo un escalofrío al verlo más directamente a los ojos.
Oscuridad.
Dafne abrió sus ojos, sentía un sabor ácido en su boca. Palpó a su alrededor, estaba totalmente oscuro, sintió un cuerpo a su lado, lo movió buscando una respuesta.
—Oh… ¿qué sucede? —preguntó José Luis.
—¿Qué pasó? ¿No sabes? —preguntó ella en respuesta.
Se prendieron las luces.
Dafne se limpió los ojos, no podía ver bien, miró hacia José Luis y…
Gritó.
—¿Qué pasa?
—José Luis… tu rostro, tu cuerpo…
—Dafne… tú… ¿qué te pasó?
Ambos se habían convertido en un par de cucarachas y se estaban comunicando por medio de antenazos. Tuvieron dificultad para controlar la larga cantidad de nuevos miembros y acostumbrarse a su nuevo cuerpo. Intentaron moverse pero no pudieron, el piso estaba hecho de miel, una miel que se les antojó terriblemente y cuando empezaron a lamer escupieron de lo mal que sabía.
Parecía que el buen Telésforo hablaba en serio cuando balbuceó algo acerca del Diablo.
Oscuridad.
Lupita abrió sus ojos sin ganas, ella ya conocía su castigo, era la esclava sexual de Telésforo, un chico que nunca le había gustado y nunca había deseado y ni siquiera tenía algún atractivo.
Pero fue una total sorpresa para ambos cuando el se convirtió en una papa gigante y así pagaba su propio castigo. Al menos Lupita se consolaba con que si lograba escapar alguna vez del infierno con él podría hacerse rica vendiendo kilos y kilos de papas cuando pudiera rebanarlo.
Claro, eso era algo que nunca iba a suceder.
Ahh, para los caballeros que esperaron esta escena, Lupita se inclinó delante de Telésforo sin control ninguno de su voluntad, abrió esos labios carnosos suyos y esa lengua jugueteó coquetamente como sólo una hija de madre líder de organización cristiana sabe hacerlo.
Y lamió, de arriba para abajo, con ganas, la cáscara de una papa gigante.







6 comentarios ↓
No hay problema… hay varios papanatas en nuestro elegante sistema gubernamental.
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Buenisimo tu cuento, realmente me hiciste el dia. Felicidades
YUSHE
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¡Madre! Deja correr por una papitas…no vaya a ser que ya no me toquen luego… ¡Que buen cuento carajo! ¡Felicidades!
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Caramba!!
Pero por poco me pierdo un fabuloso, que digo fabuloso… ESTRAORDINARIO cuento!!!
Prometo mirar con mas atencion los links
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ôó
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Creo que dejaré de burlarme de mis compañeros.. no vaya a ser que este cuento les dé malas ideas… jejejeje divertido.
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