Día 29
Estaba yo en camino a mi casa, cuando me di cuenta de que estaba yo en una especie de trance. Un trance donde no te das cuenta que un mundo camina a tu alrededor mientras tú estás estático, escuchando un silencioso grito mental. Cuando regresé despertado por una urgencia de que no debía ir más allá, miré unos armatostes con ruedas que giraban e iban sobre el pavimento, vistiendo muchas luces de color rojo y blanco. Coches, me dije sin creerlo, como un mentor secreto que me acompaña y me enseña una ciudad de maravillas nuevas. Son coches, me repetí. Mis ojos fueron abriéndose a la realidad que ante mi se presentaba, suspiré aliviado y al mismo tiempo angustiado. Es cierto, son coches.
Cuando escribo en ti, querido diario, existe hasta cierto punto ese trance. Se me olvida el mundo que camina sin mi y es como si el tiempo se hubiera olvidado de mi haciéndome tres, cuatro, veinte o cien minutos más viejo. ¿Seré yo capaz un día, de que me olvide del mundo y el mundo se olvide de mi definitivamente? Locura, tal vez, llegar a un punto en mi esquizofrenia de olvidarme como me llamo, quien soy, de mi pasado y de mis amores no importantes. Tendría que tatuarme el nombre de Beatriz para no regalársela al olvido y mejor que perteneciera al “no me acuerdo”.
¿Qué más olvidaría? Mi reloj, mi anillo, mi ropa. Las cosas materiales se irían primero porque son las más recurridas. Después olvidaría lo espiritual, donde se incluyen los malditos y benditos recuerdos, deslizándose a los tiempos que son presente, pasado y futuro compuesto. El presente sería el más difícil. La voz podría ser un poquito rebelde y decir incoherencias de los tiempos, como un soporte para que no me entregue por completo al abismo. Eventualmente se iría, porque cuando ya no queda el espíritu y la materia, solo permanecería la mente aferrada al presente, adios a los sentidos y su estímulo.
Sumergido en un profundo silencio; voz, oido, tacto, olfato y visión se irían a la mierda. Permanecerían mi soledad y yo, porque así es, mi estimado diario, que la soledad es más fuerte que el viento y el olvido. Me convertiría en montaña a la cual se le ha olvidado el paso del mundo.
Día 30
Entre Suspiros Construyo Risas Imaginarias, Bonito Intento Rutinario.
No tengo forma de perseguirte, apareces cuando quieres y más te necesito. Me atrapas los sentidos y me entierras vivo donde las lombrices me susurran al oido mi fracaso de ilusiones. Las raices se entierran en mis costillas y reclaman su espacio. Mi cuerpo se hace parte de la tierra, yo grito que alguien me saque y sólo estás tú, escuchando mi voz llena de arena y ríes cuando escuchas mi letanía desesperada.








Un comentario hasta el momento ↓
No estas solo aun que lo crea… hay mucha gente que te aprecia, incluyendome a mi. No puedes dejar el mundo, no lo puedes olvidar por que ese mundo te brinda la inspiracion para escribir aun que no lo sepas.. tus historias y cuentos son inspirados por tu mente, tu imaginacion y el mundo exterior, no puedes olvidarlo. El mundo no te olvidara, si tratas de dejarlo de olvidarlo te reclamara, por que tu le perteneces aun que no quieras, tu tambien eres de este mundo… por los dias de los dias.
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