Iban una madre y su hijo, caminando en las ruinas de una guerra que casi lo destruyó todo. Cansados buscaban un lugar para la noche, cuando entonces el hijo mira un dulce tirado en el piso.
—Mami, ¿los dulces tienen fecha de caducidad? —pregunta el hijo, estropeando las palabras de adultos.
—Si mi niño, lo que sea que hayas encontrado, tíralo —responde la madre hastiada.
El niño suspira triste y alza uno de sus tres ojos al cielo, donde el mismo Dios ríe de él.







2 comentarios ↓
que Dios tan burlón.
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pinso que cada uno de nosotros tenemos un modo subjetivo de ver las cosas; segun el mio el niño no escucho la risa de Dios, pero como todo ser tiene un subconsiente que le indica su modo de actuar o le da mustras del rencor hacia los demas, lo que el niño escucho es la maldad que el mundo le causo por tanta miseria, y que los seres humanos prefieren culpar a Dios que a su propia forma de actuar.
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