En la azotea de un edificio, ella y él, de noche abrazados escuchando silencio y platicando sin palabras. A él le gustaba la idea de no decir nada, después de todo, era callado por la timidez innata. Pero cuándo la veía a ella silenciosa, entonces sabía que era sabiduría. Lo miraba en el brillo de sus ojos y en el perfil de su rostro azulado por la luna, amarillo por la mala iluminación de la Ciudad de México.
—Te imaginas —dijo él, rompiendo el silencio—. ¿Que hubieras muerto?
Ella volteó a mirarlo e hizo una mueca, que se desvaneció rápidamente. Ella había aprendido a acoplarse fácilmente a los cambios tétricos de humor en él y dibujó una débil sonrisa.
—Pero no estoy muerta, aquí me tienes. ¿Ves?
—Si, pero… en algún universo paralelo…
—¿Otra vez con los universos paralelos?
Él sonrió débilmente y apocado por la pregunta. Sintió como ella se recargó en su pecho y suspiró.
—Me gustan tus universos paralelos, por qué me hacen soñar —dijo ella.
—Perdóname por decirlo así, pero es que estaba pensando lo infeliz que sería si hubieras muerto. ¿Cuántos años hace que nos conocemos?
—Haz cuentas, te toca. Yo por ser mujer me sé todas esas fechas. Eres malo para ellas, nunca te aprendes ninguna.
—Tú cumpleaños me lo sé.
—Porque cumplo años diez días después que tú.
—Eres más pequeña por diez días, por lo tanto yo soy más sabio y sé más que tú.
Él sintió una leve protesta del cuerpo de ella y al asomarse pudo ver el débil esbozo de una sonrisa.
—Hace cinco años que somos novios y fuimos amigos durante ocho años, así que haciendo bien mis cuentas, ya tenemos trece años de conocernos… toda una vida en pubertad.
—Toda una vida.
—Deberíamos casarnos tú y yo.
—¿Ya de una vez?
—¿Por qué no?
—Platícame uno de tus universos paralelos… que sucedería ya estando casados…
Él lo pensó un momento y después dijo: —Despertarías una mañana de la cama y me dejarías dormir, te sientes un poco amodorrada por la desvelada y vas a preparar café, tropiezas con mis calcetines tirados, el desorden que tengo en mi escritorio te desagrada.
—Qué bonita historia —dijo ella burlona.
—Calla, todavía no termino… piensas en dejarme, ya no soportas mi desorden y mis comentarios inconclusos —la miró hacer un rostro pensativo y se animó a continuar—. Yo por mi parte despierto y te miro, extrañaría mi libertad y me sentiría como perro encadenado, olería el café a distancia y pensaría que es hora de terminar la relación… y justo en ese momento, miro tus ojos y tú miras los míos… y ambos sabemos que no habrá un final después de todo.
Ella suspiró enamorada. —Te vanglorías mucho, mi querido Agus. Yo creo que hubiera azotado la puerta de la habitación en ese momento, terminaría en casa de mi hermana llorando tres semanas y luego te hablaría para avisarte que recogería mis cosas.
—Admítelo, estás perdidamente enamorada de mí Ceci.
—Claro que si… en algún universo paralelo, dónde tú hubieras muerto y yo siguiera viva. ¿Qué hubiera sucedido en ese caso?
Agustín suspiró…







8 comentarios ↓
En mis universos paralelos seguro yo estaria igual de jodido que en este…..no se por que pero se que es asi….
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Que lindo! EN un universo paralelo me gustaria vivir con el, poderlo tener serca, pasar mi mano por su cabello y lentamente acariciar su rostro… por que no existen los universos paralelos …¿ por que dejamos que las distancias nos separen?
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me gusto tu cuento, en un universo paralelos, en lugar de leertee y escribirte estoy estudisndo y conociendo otros universos paralelos.
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En un universo paralelo, viviría en el DF y sería alguna amiga de aquél hombre que me trae enamorada… aunque él, no lo sepa.
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Me encanto la historia de los universos paralelos demasiado romantica…;)
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amm, Ya cachè!! ajajaj…
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en un universo paralelo yo seria feliz, y seria correspondida (ay!)
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esta es la segunda vez que leo esto y sigo suspirando.
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