Es de esos días interesantes en los que no sé como sentirme… días normales, que transcurren uno después de otro, sin cambios significativos. Lamento regresar a ella, cuando me levanto y antes de dormirme, pero es el rito acostumbrado… porque son las fechas y las fechas se acortan. Ella me domesticó como El Principito domesticó al Zorro.
¿Pero qué se le va a hacer? Por eso tengo a mis amigos, que bueno, en resumidas cuentas son Bonn e Irwin. Por eso tengo a mis amores platónicos, por eso tengo a mis amigas las cuales me describen como el niño tierno, y no me molesta… Por eso tengo a mis compañeros de trabajo, Josefa bien se divierte, porque dice que me intento hacer el duro pero aún está la expresión de un niño. En realidad me divierto porque soy divertido…
Y mis queridas musas, Lila, Jacqueline, bla bla bla… es curioso, pero los hilos del destino me hicieron trabajar en algo que siempre me ha fascinado: la mujer, pero no la mujer en realidad, si no como idealizar a una mujer. Cómo vestirla, prepararla, maquillarla e inventarle la actitud para enamorarte de ella. Yo me enamoro de idealizaciones mentales desde que me dejó mi ideal hecho carne.
Y así transcurren los días… me enamoro todos los días, me decepciono todos los días, me veo tierno todos los días y me hago el duro todos los días… abuso del recurso, hombre… Sólo me queda la esperanza del viejo cliché “Mañana será otro día” y sigue caminando, Árbol de los mil nombres, que ya llegará el día en que recuerdes tu nombre verdadero.
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