Hoy se cumple un año

Este post es parte de una serie, llamada “El diario de Simón Dor”. Anotación 19 de 47


Hoy se cumple un año del aniversario de la muerte de mi abuela… te quiero mucho abuelita, estés donde estés… perdóname por nunca decírtelo. Perdóname por ser un iluso que te quiso aferrar a la vida cuando estabas en aquella cama, recuerdas?


Día 21

¿Tengo que llorar? Mi primer muerto, estaba yo despertando, parecía un día normal. Inclusive, era un día en el que había despertado tarde y mis obligaciones podrían ser suspendidas. Fue el teléfono el que me despertó, casi lo recuerdo porque fui yo el que respondí. Escuché la grave voz de mi tío ¿Tengo un tío? ¡Socava los recuerdos!, aunque su voz era más grave de lo que yo la había escuchado. ¿Te das cuenta de las coincidencias maravillosas? Estás escribiendo el día 21, casi tan siniestro como si hubiera sido el 18.

Su voz me pedía que llamara una ambulancia, mi madre me observó con la mirada de “He perdido el control y quiero desesperadamente recuperarlo” ¿Mi madre? ¡Tengo una madre! y empezó a dictar ordenes inseguras, que sabía que no habría de prestar atención alguna. Nadie me había dicho nada con palabras, todo me lo dijeron con sus actitudes de gallinas descabezadas. Queriendo recuperar un poco mi propio control… tome mis zapatos y me los puse, me vestí de jeans y una playera, la chamarra azul oscuro. Mi color preferido.

Puedes dejarlo ahí, no recuerdes más… Solo tenía que subir dos pisos para encontrarme con mi tío y mi tía. Lo hice rápidamente, preguntándome mil cosas y haciendo caso omiso de una verdad. Podían ser muchas cosas ¿De veras? Una ambulancia, ¿qué caso tendría pedir una ambulancia? lo que más rabia me da es que sabía que era perfectamente inútil pedir una ambulancia cuando lo que se lleva en ellas son a los que aspiran a la vida, jamás a los muertos. Los muertos, los cuervos.

Toqué el timbre y abrió ella, mi tía, su rostro muy tranquilo. Su rostro era un muro que pedía que me tranquilizara, aún me pregunto si ella lloró en algún momento y gritó. Aún me pregunto tantas cosas, yo caminé derecho y vi ahí a mi tío, tan grande y tan deshecho. No me dijo nada, no pudo. Nada más los abrazé a los dos, porque ya sabía con certeza de que vería a mi primer muerto. Mi morboso espíritu se preguntaba si por fin, ver los vestigios de la persona que has perdido, ayuda de alguna forma a retirar la cicatriz que deja tu corazón.

¿Necesitas más? Es espantoso recordar, por eso no tengo patria, ni espíritu, ni persona que me ate. Mentira, todo te ata. Dejé de abrazarlos y la puerta estaba abierta. Yo pasé y miré mi primer muerto. Ahí estaba, uno de los pilares más sólidos de mi existencia, de una manera atroz, horrible… tan hermoso angel que siempre había escuchado mis motivos, mis razones, mis pasos, que siempre había vigilado mi crecimiento y que esperaba vigilara hasta que pudiera ser digno de su memoria.

¿De qué valen los triunfos? De qué valen. Mi Vieja, mi abuela. Su piel estaba teñida de amarillo, le pregunté a mi tía porque estaba amarilla, una pregunta estúpida, ella me respondió tranquila y me dijo que era porque su cuerpo los había estado liberando, liberando los químicos. Y yo me arrodillé, e intenté tomar su mano rígida, aún cálida. Y le lloré mucho. Vale, detente ya maestro. Lloré mucho su ausencia y recordé con absoluta tristeza todas las barbaridades que por mi culpa le hicieron llorar. No pude recordar otra cosa.

Mi muchachote, mi niñote, solía decir, ¿verdad? Y yo que me creía viejo. Y yo que me sentía maduro. Y yo que me sentía noble. ¿Y la escuela? De qué valen los triunfos. No lloré lo suficiente, no podía soportar el amarillo, el asqueroso amarillo. Definitivamente, no. Ver al muerto no ayuda.

Mucha gente, un ataud y yo le seguía llorando, vinieron unos amigos a acompañarme y yo puse mi mejor sonrisa y dije, “Vale maestro, vale, estoy bien” Vale, somos iguales… Vale, vale vale vale. Todo fue bien. Mostré mi mejor rostro y cuando estaba con ella, no podía creer aún que era cierto, aún cuando le quitaron el amarillo y el maquillista se las había arreglado para pintarle una débil sonrisa. Vale, no podía creer que era cierto, fueron varias veces en las que estuve ahí de pie, observando y esperando a que me dijera niñote o muchachote. Si estos son tus recuerdos, ¿Por qué recordar Simón?

Simón Dor.

Fueron días difíciles.


  • Prométeme que no dejarás la escuela.

  • No te preocupes, estoy viendo varias opciones. Te aseguro que pronto estaré en la escuela. Tan puede ser que entre a la UNAM el siguiente año (De qué valen los triunfos, no te puedo decir que lo logré al menos que me vigiles en el cielo).

  • Que bueno mi niñote, yo no se cuando saldré del hospital. Tal vez ya sea hora de que el que está allá arriba decida que me vuelva parte del Universo. No veo hora de que se me quite esto que tengo

  • Nah, no te preocupes. Te recuperarás pronto. Y ya regresarás a la casa, sin ningún problema.

  • ¿Tú crees?

  • ¡Simón! ¿Realmente dije simón en vez de Si? estarás en casita y te pondrán medicinas y ya te recuperarás pronto.

  • Ojalá mi muchachote, tan noble.


Infiel memoria. Representa hechos como quisiera que hubieran sido, solo agregando unas cuantas palabras, que aunque no fueran dichas, estuvieron presentes. El contexto, me aferro al contexto y recreo una conversación.

Dedicado a María Rojas.

2 comentarios ↓

#1 Gabs el 06.11.03 a las 6:28 pm

Ap… Lo siento mucho. Me transmitiste tus emociones de una forma…

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#2 Raque el 05.23.06 a las 3:38 pm

Aún ahora no se cuantos años han pasada, me sigue costando trabajo leer, saber, que pasó. Gracias por permitirme estar ahí aunque sea de esta forma. Mil gracias.

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