Tira 2-7.

Culerito, en verdad.

Esta tira, pretende actualizarse los martes y los viernes, a no ser que su autor tenga el cerebro en otras cosas (como suele suceder). Es un poco distraído, pero el cacto se lo recordará… esta hambriento de protagonismo.

Su disposición, dicen, endurece.

Tienes cara de hacerlo. Tienes ojos de hacerlo. ¿Por qué te escondes? Escondes la boca porque sabes que si la muestras, entrarán las moscas. Tus ojos miran a la derecha, miran a la izquierda. Sí, puedes hacerlo. No lo niegues. Acércate un poquitito. Juguemos a la cuchara es el avioncito y la boca ansiosa la pista de aterrizaje. La disposición endurece los bríos, la necedad, una buena propuesta. ¿Piensa mal y acertarás, carnal? Probablemente me equivoque, ¿pero no dicen que vivimos de equivocaciones? Nos imaginamos veinte años adelante, en una entrevista a nivel internacional, donde podemos sonreír y hablar con toda la práctica del mundo–. Excelente pregunta Jim, pero no estaría aquí si no fuera por mi cadena de trompicones y bocas rotas –Prueba y error. Vamos a encontrarnos después de ese largo viaje. Su disposición, dice, endurece los muslos, endurece a las piedras y la fuerza descomunal de unos dientes que aprietan. ¿Por qué aprietan? Puede ser por el dolor y el desencanto, puede ser por el hambre o un poquito de lujuria, la magia de unos dedos extendidos y un tirón de cabello. Lo que no sabe es que no importa cuanto apriete. Jamás podrá romperlo. Su disposición, dicen, endurece.

Necesito que me dirijas.

Se acercó y después de varias horas en discutir un trabajo que en el fondo, a ninguno de los dos le interesaba, lo escupió–. Necesito que me dirijas –En silencio contemplé un caudal de respuestas. Releí la conversación, sólo por si me estaba perdiendo de algo. ¿Dónde necesitas dirección –me pregunté–, en el auto, como llegar a nuestro bar, de la música que estás escuchando, cómo alimentar a las ovejas en una granja, uno de cuatro puntos cardinales, cómo no enamorarte, el abandono de aquella habitación dónde te sientes sola, por qué piensas que yo tengo un GPS? Necesito que me dirijas, que me lleves de la mano a tu carne y con palabras sin temblores, ni dudas, dibujes en mi boca toda la suciedad de un festín imaginario. Necesito que me dirijas y me utilices como un cuerpo ajeno para depositar tu memoria, los pocos versos que has aprendido, las palabras que tanto escondes y hables de niños en el bazar, perros corriendo libremente en un jardín, cielos que probablemente son ajenos pero están sobre todas las cabezas del mundo. Necesito que me dirijas, sácame de esta casa y compartamos, ebrios, un mismo camino nocturno que nos aleje de las responsabilidades, el trabajo que no deseamos, putas que ríen de chistes blancos en las esquinas. El cigarrillo se muere sobre mi cenicero verde. Necesito que me dirijas. ¿A dónde te puedo llevar si estoy igual de perdido? Dos perdidos no hacen un camino. Ni la guía de la carne, ni el camino de lo cotidianamente fantástico, ni el desalojo de dos borrachos. Sólo te puedo llevar a ese mismo, y triste lugar, que ambos conocemos perfectamente y que sólo puede crecer con nuestras palabras.

Lo he deseado.

Siempre me he preguntado como reconocer si logré volverme loco. He querido tomarme un rato para sentarme frente a la hoja en blanco y escribir un manual de como hacerlo. Paso número 1, sentarse frente a la hoja en blanco y titularlo: “Manual para volverse loco”. ¿Cómo puedo escribir un manual así, si no puedo reconocer mi locura? Paso número 2, verse al espejo para confirmar las señales de la locura. ¿Cómo son esas señales físicas? Ojos rojos, ojeras grandes, cabello largo y desaliñado. ¿Pero no hay locos que se rapan y se afeitan todos los días? Entonces, se nota a través del iris de sus ojos, la espuma que sale ocasionalmente por su boca y apresuradamente sacan la lengua para esconderla. Entonces no estoy loco. Paso número 3, reconocer si estas loco, sin importar que afirmes o niegues tu locura. Reconocer. Esa palabra me esta molestando. Borremos los pasos e iniciemos de nuevo. Voy a escribir un manual para volverse loco. Creo que un indicio claro para la locura es cambiar las palabras y su significado. Ahora, palabra quiere decir mesa. La mesa, quiere decir amarillo. Amarillo será teclado. Teclado serán unas tetas grandes y turgentes. Mi café sobre la palabra mesa donde escribo en el amarillo del teclado. Tengo que cambiar más palabras. Esperen, ¿eso es locura o simplemente un cambio de lógica? Paso número 1, agarrar un diccionario y cambiar todas las palabras de lugar. El paso número 1 me llevará el suficiente tiempo, así cuando me mire en el espejo voy a descubrir de verdad si he logrado enloquecer.

Listas musicales.

Hoy es domingo. Dejen reviso mi calendario… Ah, sí, lo es. Permítanme revisarlo de nuevo. Sí. Estoy seguro que es domingo. ¿Entonces qué hago escribiendo aquí? Todavía no estoy seguro. Resulta que pensaba hablar de música y de como la estoy incorporando a la creación de mis textos. Pienso en un personaje, pienso en la música que me gustaría escuchar como el personaje o que es adecuada para las situaciones, y entonces hago una lista. Escucho esa única lista durante todo el tiempo que tenga el archivo abierto, para que así, esos sonidos musicales entren de manera subliminal en el texto. ¿Lo he logrado? ¿Acaso leyéndome les he traído las canciones a la cabeza? Sepa. No sé que tanto poder necromántico… no, no es de necromantes. Perdón. No sé que tanto poder mágico (así, sin obligarlo a una disciplina mágica en sí). Mejor no hablemos de magia. No sé que tanto poder hipnótico tengo sobre ustedes. Esperen, estoy escribiendo un texto, se llama “Manual para volverse loco”. Ya cambié varias palabras. Puedo confesar que todo lo que escribí, tiene un significado oculto que necesita un diccionario que ya tengo aquí. ¿Cuál es el verdadero significado? A la mejor ya lo estás entendiendo, a la mejor… logré que entrara subliminalmente en tu cabeza. A la mejor, ambos ya estamos locos. Lo he logrado.

Tira 2-6

Básicamente, el líder de la nación es…

Tira 2-6

Esta tira, pretende actualizarse los martes y los viernes, a no ser que su autor tenga el cerebro en otras cosas (como suele suceder). Es un poco distraído, pero el cacto se lo recordará… esta hambriento de protagonismo.

Fábula.

Mi videojuego primario y el cual ya terminé… fue Fable: The Lost Chapters. Habrán escuchado de él. Un RPG donde manejabas a un personaje que, dependiendo de sus decisiones, podía cambiar drásticamente todo. Su apariencia (si es malo, le salen cuernos en la cabeza y enrojecen sus ojos, si es bueno, le sale una aureola y mariposas de luz vuelan alrededor de él). También poseía la posibilidad de casarse, comprar casas y negocios, entre otras monerías. A nivel personaje, tiene la posibilidad de convertirse en cualquiera de los arquetipos que existen en estos juegos: un guerrero, un asesino, un mago, un explorador. La historia del juego es buena y cruel, como las buenas historias. Tomas decisiones difíciles para que el héroe conserve su camino, sin embargo, estas decisiones no siempre salvan vidas. El juego fue divertido. Me costó unas 20 horas (lo cual indica que es muy pequeño, aún con toda la libertad de un mundo vasto). Jugué una parte del segundo (en casa de Nolo) y me dio curiosidad. Me pregunto si será tan bueno como este a nivel historia o si habrán delegado todo a la libertad del mundo. Quien sabe. Ahora que sólo me queda Final Fantasy III, el cual juego ocasionalmente. Todavía no sé en que otro juego ocupar mis noches descaradamente largas. Estoy pensando instalar Sims 3, y finalmente, crear una población de pequeños monitos ficticios.

Subir a nivel 99 no es cualquier cagada.

Sigo con Final Fantasy III (DS), pero lo tengo como un videojuego secundario, que juego una media hora o una hora al día. Mis límites obsesivos ya no son tan punzantes como antes. Resulta que estoy a punto de terminar el juego, pero desde hace un par de meses estoy sacando todos los secretos y las cositas que pueden haber escondidas. Según el juego, ya registré 60+ horas. La cantidad de horas que tiene un RPG indica que tan bueno es, que tanto reto puede haber en acabarlo y bueno, si ya te hizo llegar a más de 30 horas quiere decir que la historia y los retos son buenos. Al principio no quería llegar al nivel 99 y mandar a mis cuatro pequeños guerreros a que mataran a Xande, el malo más malo de la historia. Sin embargo, después de todo el tiempo que me tomé consiguiendo todo lo demás, decidí encerrarme en un calabazo secreto lleno de dragones y matarlos a todos, hasta que suban a nivel 99. Después de eso… resulta que algunas veces, los dragones sueltan la armadura y las armas de los “Caballeros Cebolla” (Onion Knight). Ya contemplé la posibilidad de continuar matando dragones, hasta que me den un set cada uno y que mis cuatro guerreritos, apesten y hagan llorar si acaso los llegaran a cortar.

Sinistere.

En la novela que escribí, y ahora que tengo tiempo de pensarlo y digerirlo, escribí uno de los capítulos más siniestros que haya escrito alguna vez. Siempre me ha gustado explorar esas posibilidades, qué tanta oscuridad puede envolver a un personaje y qué tanto se puede introducir a un mundo por… necedad. Me preguntaron si el personaje ya existía antes de que lo escribiera: la respuesta es que sí. Ya existía. Sólo que tenía una edad distinta, y un rol distinto. En las primeras etapas, el borrador mental, “ruido” era una mujer vieja, con prótesis, que aparecería para aconsejar a nuestro personaje. En las caminatas pensaba constantemente como incorporarlo y que rol darle. Sin embargo, el personaje era necesario para fijar límites que pueden atravesarse en ese universo y qué tanto puede lastimar una obsesión (de manera contundente tanto en mente y cuerpo) si se atraviesan las puertas. También pude crear un doble para el personaje principal (La situación de los dobles, los reflejos, me obsesionan. No puedo vivir sin hacer un reflejo). Un reflejo retorcido de lo que podía llegar en convertirse y la lucha para salvarse de llegar a ese extremo. Las caminatas y los cigarrillos se consumían, pensando todos esos detalles y cómo lograrlos, como condensarlos, como lograrlos de una manera sutil. Supongo que logré mis cometidos. A un nivel personal, el libro esta hecho.

Terminé. ¿Y luego qué?

Empecé la novela hace algunos meses y no fue hasta que me puse horarios reales, tangibles, que este último mes pude terminarla. No es una novela… creo que el término indicado es noveleta (¿eso existe? Tal vez, quise decir es “pinche novelita”). Solamente son 47,000 palabras y no tenía la intención de alargarla más. En los últimos capítulos, recuerdo que la recorrí varias veces, despojándola de las palabras inútiles, de la redundancia y aborté la misión de llegar a las cincuenta mil. Ahora, algunos lectores ya la están leyendo y comentando. Al parecer es de un agrado popular aún cuando el tema es fuerte y algunas escenas son demasiado siniestras. Los personajes hicieron su trabajo y después de años de aprendizaje, permití que fueran lo que son y nada más. Me parece que el personaje principal llama a su novela algo como “pornografía inteligente”. Eso dice él. Ya se verá cuando le haga una revisión y vea los comentarios de los lectores, para ver que falta y que quito. Probablemente mandaré esta novela a un par de concursos. Ya saben. Nomás la mando y veremos que dicen. Si no, ya la verán a la venta a través de internet en unos días. Si de verdad les interesa formar parte de los “lectores piloto” (como los llamó mi querida Rox) dejen un comentario (sólo revisen que su mail sea el correcto), y se las compartiré como un documento en google o se las mando en word. Si se animan, recuerden que esta semana es la de revisión para armar el segundo y último borrador. Así que apreciaría que hicieran llegar sus comentarios antes del próximo lunes. 47,000 palabras se leen en un par de horas. No son tantas.

El primer trabajo de ficción.

El primer verdadero trabajo de ficción, para muchos hombres y mujeres del mundo, es la eventualidad de tener un hijo o una hija. Yo también he fantaseado con ello, aún cuando estoy lejos de desearlo. Como el primer trabajo de ficción, se imaginan como se escribirá, como se filmará, como debe fotografiarse o pintarse, en qué nota deberías tocarlo. El personaje se complica: primero es solamente caca y lloriqueos, aprende a reír, aprende a decir papá o mamá, aprende a caminar, aprende a descubrir el peligro. Noches interminables sin dormir. Creo que me observa a través de sus ojitos negros. Creo que entiende lo que estoy sintiendo. El niño recién nacido es tan puro, tan santo, tan primitivo, que todo lo percibe y lo absorbe. Es la esponja de mis virtudes y… ah, sí, también de tus defectos. En unos años, si tengo un hijo, a veces me pregunto como explicarle que su padre disfruta escribir cochinadas, tener nenas en pelotas en su blog, organizar concursos de piernas y nalguear coquetamente a su madre mientras preparan la comida. ¿Debería dejar que la religión fuera un tema que él decida a través de los años, así como lo hicieron conmigo? ¿Debería inculcarle valores espirituales? ¿Qué valores morales son los más importantes para que el niño crezca pleno, y feliz? Un personaje de ficción que se desarrolla y toma parte en la vida diaria. Es como tener un cacto, y un perrito, e imaginar sus pensamientos, reacciones absurdas e ilusorias que se multiplican según la imaginación del creador. Así debió sentirse dios cuando decidió crear al primer hombre y pensaba en Jesús mientras moldeaba el barro de Adán. Supongo que se resuelven muchas dudas cuando avanzas en el libro y descubres que a su hijo, el más querido, lo mandó a matar unos miles de años después.

Razones por las que la Alicia de Burton es una porquería.

  • El personaje de Alicia jamás fue escrito para crecer. Burton “no quería hacer una película de encuentros y de locuras. Necesitaba un guión de conexiones emocionales”. Bueno, tal vez Burton debió leer los libros en vez de sentarse a mirar esas películas que tanto le preocupaban. Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo, son esa colección de cuentos que le contaba Dogdson a Lidell cuando ella era niña. También, es importante decirles que A través del espejo es una despedida. La niña se vuelve adulta y pronto se vería envuelta en el juego social que le corresponde. Dogdson, triste, tuvo que aceptar que Alicia pronto ya no se vería interesada por más cuentos y ese fue el final. Dale click para seguir leyendo »

¿Quién se ha llevado mi queso?

Hoy es domingo. ¿Quién se ha llevado mi queso? Es un libro espantoso de auto-ayuda. Sólo un sector muy específico lo lee y otro sector más específico también lo lee. Yo recuerdo que lo leí, y por fortuna ya lo olvidé. Sin embargo el título me gusta. ¿Quién se ha llevado mi queso? Me imagino un hombrecito desesperado, un ratoncito encabronado, un ama de casa insatisfecha. ¿Quién se ha llevado mi queso? ¿Dónde pusieron mi hueso? ¿Por qué me robaste el beso? ¿Acaso lo harías, si tuvieras un poco de seso? Deja ya de hablar tan espeso. Tienes roto el pescuezo. ¿No tienes una moneda de un peso? Hoy es domingo. El día prometido, de sol y tranquilidad, de coches corriendo por las calles y las motocicletas tomarán el dominio del periferico poblano. Los niños salen a jugar futbol, y después irán al puestito del x-box. Me acostaré a un lado de mi mujer, y haremos el amor viendo televisión, nos quitaremos la pelusa del ombligo, la obligada charla de que mañana es lunes y nos burlaremos otra vez de que recibí una carta donde mi nombre era “Agustín Sesp”. Mucho gusto. Así también me conocen los telemarketers.

Momentos mágicos.

Ayer, una mujer me preguntó que si creía en “la magia”. Especificamente en los “momentos mágicos”. A lo largo de los años, ya no me gusta decir “no creo”. Me gusta pensar en las posibilidades, incluso en algo que puede ser absurdo como el “momento mágico”. Curioso. Le respondí: “Sí creo en los momentos mágicos”, mientras pensaba… más bien, en los pequeños accidentes, el azar que luego nos atrae la mirada al reloj, a los ojos de otra persona, al momento de un accidente automovilístico, a salvarnos de la muerte, a que los cigarrillos se acabaron y no saliste a comprarlos por “no se qué” y al día siguiente, el vecino te cuenta que asaltaron el Oxxo. Hay otras cosas que no pueden ser azar, meramente. Por ejemplo, la posibilidad de tener una relación turbia con alguna mujer llamada Claudia. Lo que puede pasar si el número 21 esta presente en mi número de asiento, en el boleto de la loteria, en la camiseta de un chavo. Que la mujer de la que me enamoré cumpla años el mismo día que yo. Momentos mágicos. Sublimación. Tonterías que nos sostienen con vida y con la imaginación alerta, como para explotar en cualquier momento.

Entrevista a Gustavo Arizpe.

Entrevistaron a un hombre llamado Gustavo Arizpe y es un lector del Árbol de los Mil Nombres. Su blog es uno de “negocios en internet, innovación, productividad y web marketing. desde 1999.” Gustavo es uno de esos héroes silenciosos, que logró hace muchos años que los blogs tuvieran crecimiento en México, cuando apenas se escuchaba el ruido por la palabra. He tenido el gusto de encontrármelo en persona, y me parece que es uno de esos hombres que constantemente tiene la información en la cabeza, una línea de pensamiento que parece una pelota de pinball que procesa y procesa. Es un gusto, y una sorpresa, que este blog de breves reflexiones al aire, de ficción, de fantasía mezclada y recuerdos personalísimos, lo considere como una recomendación. Después de todo, me reconozco incapaz de platicarle a mis lectores como aumentar su productividad, poner en orden sus prioridades vitales y ayudar a florecer sus negocios. Si buscas una guía en eso, Gustavo te puede guiar en área estratégica (y creo que también acepta contrataciones… de fiestas infantiles (pequeña broma)). Sin embargo, si quieres leer cochinadas, cachonderías, momentos simples, como un escritor mediocre sufre para escribir una novela y un cacto comedor de niños que frecuente, e injustamente (dice él, a mi me da lo mismo), asocian con la pedofilia… pues bienvenido.

Tira 2-5

Bob pide tributo.

Esta tira, pretende actualizarse los martes y los viernes, a no ser que su autor tenga el cerebro en otras cosas (como suele suceder). Es un poco distraído, pero el cacto se lo recordará… esta hambriento de protagonismo.

Prohibiciones deliciosas.

Dice la Zaba - Prohibido dejar de escribir.

Es mi foto de galán, con un mensajito bonito.

Zaba hizo un bonito proyecto fotográfico, donde tomó a sus amigos y les insertó una frase donde a modo personal, les prohibe deliciosamente el abandono de aquello que los hace. En mi caso, yo tengo prohibido dejar de escribir. Me gusta que me lo prohiban, aún cuando no puedo dejar de hacerlo. Si no tengo la computadora, agarro papel y lápiz y… la verdad, dibujo caras y monos. No escribo. Todo lo que escribo es en la cabeza. Ese es mi papel y lápiz de emergencia. Hay muchas historias ahí encerradas y como una promesa, las estoy terminando poco a poco. Una palabra después de otra. Prendo un cigarrito, me tomo un café, salgo a caminar. Las palabras no se callan. Sigo el proceso. Onetti me vería a lo lejos, suspiraría y diría–. Literatura como un amante, ¿recuerdas? –Sí. Lo recuerdo bien. Ya no estoy de ese lado, JC. Perdón. No puedo abandonarlo. Ya no.

Un ejemplo del mural que hizo Zaba.

Ahí estoy yo, otra vez, bien galán.

El arreglo, segunda parte.

Acercamiento del arreglo.

Sí, esta vez nos acercaremos un poco.

En el arreglo, escogí fotos de la gente a la que quiero… mi familia, mi hermano, mi trabajo, aquellos que se fueron, aquellos que ya no van a regresar. Pensé que me gustaría colgar una foto dellos ocasionalmente por si algún día regresan. Tal vez algún día me visiten y me gustaría que cuando entraran a mi casa, se sintieran en su casa, que jamás nos dejamos y estuvimos los unos junto a los otros. Es curioso como unas fotos, un simple arreglo como este, puede traer tantas cosas a la cabeza. Sé que a mi hermano le gustaría verse ahí, tal vez no diga mucho, tal vez nada, pero lo pensará. Tal vez Jorge no venga ya de visita, pero saberse en esa pared confirmará esa verdad que se estableció entre nosotros a través de los años: “Eres como un padre para mí, ¿cómo podría olvidarte?”. ¿Y si este juego es sólo para mi? No lo sé. Lo que hacen unos simples marcos y fotografías impresas. Un caudal de recuerdos que probablemente no se detendrá fácil. Pasarán los días y ese arreglo se convertirá en una dulce costumbre, algo que siempre estuvo ahí, si tengo hijos alguna vez señalarán las fotos y preguntarán quien es esa gente. Tendría que decir la verdad–. Son lo que soy. Gracias a ellos, también estas tú –Una cursilería así. Después le enseñaría mis revistas de Penthouse, para que vea los artículos que escribí en alguna ocasión. Si es nena, seguro me hará el favor de leer. Claro.

Esto no es un fanart.

Un regalo de mi amigo Axa.

El Señor Fumador, y su cabeza es un árbol.

Mi amigo Axa me regaló un Árbol. Para mi sorpresa, lo vi en la presentación de “Diarios del Fin del Mundo” en el D.F., pudimos platicar brevemente de la preparatoria y me recordó ese particular momento donde adquirí el mote de árbol y yo lo completé con un movimiento. No había de otra, después de todo él me presentó a su esposa y ella me dijo–. Es que Axa me ha contado mucho del movimiento que hacías, ¿lo puedes hacer por favor? –Me sonreí e hice el movimiento, mientras pensaba: “Al parecer jamás seré un escritor tomado en serio”.

En la preparatoria (hace… más de diez años, coño), solía mover los brazos y el cuerpo suavemente de un lado a otro, supuestamente imitando el movimiento de un árbol. Después, alguien tuvo la idea de gritar: “¡Ventisca! ¡Ventisca!” y lo que hacía era acelerar el movimiento para que todos nos riéramos un rato. Me parecía divertido. Una vez lo hice mientras estaba dando una exposición en clase de biología. Había una pequeña tarima para que el profesor pudiera dar su clase en ese salón y esa vez yo estaba parado en ella. No sé porque motivo, el profesor avanzó unos pasos y empezó a regañar al salón entero. Alcé las cejas, aburrido y adolescente como era, y empecé a hacer el movimiento del árbol, mientras todos miraban. El profesor volteó y yo lo imité, con gis en mano, supuestamente anotando lo que iba a exponer. Cuando él regresó a su letanía, yo respondí con una ventisca y uno de ellos se carcajeó en voz alta. ¿Por qué te ríes?, le preguntó el profesor. Es que mi compañero esta haciendo cosas chistosas, respondió… este cabrón, cuyo apellido ahora no recuerdo, porque en la preparatoria todos somos apellidos. El profesor me miró y yo lo único que atiné a decirle fue–. Estoy tan sorprendido como usted, yo sólo estoy anotando el material de mi exposición.

Axa me lo dejó bien claro–. No me gusta tu tira, así que esto no es un fanart –me carcajeé con la honestidad. Es cierto, a veces leo la tira y pienso que es un poco babosa. Pero me divierte, me mantiene activo, recortar figuritas y meterle diálogo. Creatividad que no me abruma mientras escribo.